Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pretenden estos versos ser un canto,
que estrangule al maltrato en cada casa,
sofoque todo abuso bajo el cielo,
dé luz al lado oscuro de la luna,
al menosprecio clave en una cruz
y aparte las espinas de las rosas...
Allá, detrás de aquel jardín de rosas,
un secreto sellado a cal y canto.
Él maltrata, perdona ella la cruz
por dos críos que corren por la casa
y otro que llegará en novena luna,
con nuevas ilusiones desde el cielo.
Baila el temor en su mirar de cielo,
ella no quiere dádivas de rosas,
ni pide para sí, bajar la luna,
solo poder exorcizar el canto
triste del cisne que ganó la casa
y mitigar su abrumadora cruz.
En su frente hace el signo de la cruz,
que nadie se dé cuenta, pide al cielo,
y evita los espejos de la casa,
negro presagio son sus marcas rosas.
Porque tropieza con el mismo canto,
trepa la muerte por su piel de luna.
De la infamia testigo fue la luna,
collar de manos, prescribió la cruz...
Con grito mudo convertido en canto
y ungida de tristeza subió al cielo.
Manos pequeñas al cortar las rosas,
liberaron su alquimia por la casa.
Ya nada queda en la desierta casa
la que fuera la envidia de la luna,
ya no hay risas de niños, ya no hay rosas,
fue al aire la moneda y cayó cruz,
de luto riguroso viste el cielo
y el viento anida en el pinar su canto.
Silente canto cautivó la casa,
el cielo llora lágrimas de luna,
junto a una cruz y un corazón de rosas...
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