Al ocaso del día se clavan al vientre
las últimas flechas doradas.
Por cada lanza clavada
quisiera estar muerto
porque la mar queda quieta
y yo triste en tu ausencia.
La ola se desbraba y duerme
pero en celosa aquiescencia levanta
la fresca brisa del sur en verano.
Espero no en vano
que sople impaciente
para entre gotas de luna erizarte
el lomo maragda y la cresta
al primer declinar del día,
y así resurgir de la mar
enamorada ola en mujer esculpida.
Al anochecer vuelves a reposar
mansa y tranquila.
La brisa descansa y tu devienes
calmosa en agua bendecida.
Le he tomado el bautismo a la luna
y bebido su cáliz de amor y de vida.
Cada noche cierra el ojo
y escurre una lágrima
al presentir el verdadero amor nutrido
de la tiniebla y la duda.
Pero amiga que me haces vacilar:
¿Y si un día no llega del sur la fresca brisa ?
Te quedarás dormida y yo naufrago de tí.
Tengo mis suspiros dispuestos
para cogerte las manos,
de cresta blanca de espuma de ausencias.
Te empapas del fuerte salobre marino
y yo te navego de espaldas,
-en falsa amura-, por si acaso te burlas.
Destierro así mi tormento
Y te abrazo con fuerza la falda y la sina
aproda al viento.
las últimas flechas doradas.
Por cada lanza clavada
quisiera estar muerto
porque la mar queda quieta
y yo triste en tu ausencia.
La ola se desbraba y duerme
pero en celosa aquiescencia levanta
la fresca brisa del sur en verano.
Espero no en vano
que sople impaciente
para entre gotas de luna erizarte
el lomo maragda y la cresta
al primer declinar del día,
y así resurgir de la mar
enamorada ola en mujer esculpida.
Al anochecer vuelves a reposar
mansa y tranquila.
La brisa descansa y tu devienes
calmosa en agua bendecida.
Le he tomado el bautismo a la luna
y bebido su cáliz de amor y de vida.
Cada noche cierra el ojo
y escurre una lágrima
al presentir el verdadero amor nutrido
de la tiniebla y la duda.
Pero amiga que me haces vacilar:
¿Y si un día no llega del sur la fresca brisa ?
Te quedarás dormida y yo naufrago de tí.
Tengo mis suspiros dispuestos
para cogerte las manos,
de cresta blanca de espuma de ausencias.
Te empapas del fuerte salobre marino
y yo te navego de espaldas,
-en falsa amura-, por si acaso te burlas.
Destierro así mi tormento
Y te abrazo con fuerza la falda y la sina
aproda al viento.
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