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Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →
Veo que has hecho un amplio recorrido por mis letras. Se agradece.Hermoso, explicas muy claramente la cruda realidad de un suplicio.
Gracias Ricardo por tu felicitación, me alegro de que te gustasen mis versos.Hermoso...delicado...con poderosa denuncia...le felicito!
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A los toros me llevaron
en una feria abrileña;
quizás nunca imaginaron
el daño que me causaron
aún siendo yo tan pequeña.
¿Por qué al toro maltrataban?
Mi mente no comprendía...
Banderillas le clavaban
y mis lágrimas brotaban
al ver tamaña agonía.
Tanta sangre derramada
salpicando por la arena
me hacía sentir angustiada
llorando desconsolada
y medio muerta de pena.
Recuerdo que me tapaba
los ojitos con la mano,
pero nadie se fijaba,
todo el mundo ovacionaba
y mi suplicio era en vano.
Cuando abandoné el albero
dije, triste y resentida
a mi madre: ¡yo no quiero
y en toda mi vida espero
ver jamás otra corrida!
Pues sí. Tienes mucha razón, pero cada cual tiene su punto de vista.Muy bien llevadas estas quintillas, permiteme halagar tu sensibilidad como denuncia en este terrible espectáculo, particularmente nunca he presenciado una corrida, pero si comparto la visión que expresas en este poema, quizás estamos carentes de sensibilidad la mayoría de los seres humanos, que a un espectáculo de barbarie queremos categorizarlo de arte o deporte.
Qué quintillas tan hermosas nos dejas aquí, llenas del sentimiento de aquella niña que se dolía por el sufrimiento del toro. Cómo se pueden quedar grabadas esas imágenes en el recuerdo aún tierno para que al cabo del tiempo afloren estos nobles sentimientos y plasmarlos en un poema que siendo triste rezuma ternura. Insisto, magníficas quintillas, amiga Eratalia.![]()
A los toros me llevaron
en una feria abrileña;
quizás nunca imaginaron
el daño que me causaron
aún siendo yo tan pequeña.
¿Por qué al toro maltrataban?
Mi mente no comprendía...
Banderillas le clavaban
y mis lágrimas brotaban
al ver tamaña agonía.
Tanta sangre derramada
salpicando por la arena
me hacía sentir angustiada
llorando desconsolada
y medio muerta de pena.
Recuerdo que me tapaba
los ojitos con la mano,
pero nadie se fijaba,
todo el mundo ovacionaba
y mi suplicio era en vano.
Cuando abandoné el albero
dije, triste y resentida
a mi madre: ¡yo no quiero
y en toda mi vida espero
ver jamás otra corrida!
Muchísimas gracias por tan amable comentario.Qué quintillas tan hermosas nos dejas aquí, llenas del sentimiento de aquella niña que se dolía por el sufrimiento del toro. Cómo se pueden quedar grabadas esas imágenes en el recuerdo aún tierno para que al cabo del tiempo afloren estos nobles sentimientos y plasmarlos en un poema que siendo triste rezuma ternura. Insisto, magníficas quintillas, amiga Eratalia.
Con un abrazo afectuoso.
Salva.
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A los toros me llevaron
en una feria abrileña;
quizás nunca imaginaron
el daño que me causaron
aún siendo yo tan pequeña.
¿Por qué al toro maltrataban?
Mi mente no comprendía...
Banderillas le clavaban
y mis lágrimas brotaban
al ver tamaña agonía.
Tanta sangre derramada
salpicando por la arena
me hacía sentir angustiada
llorando desconsolada
y medio muerta de pena.
Recuerdo que me tapaba
los ojitos con la mano,
pero nadie se fijaba,
todo el mundo ovacionaba
y mi suplicio era en vano.
Cuando abandoné el albero
dije, triste y resentida
a mi madre: ¡yo no quiero
y en toda mi vida espero
ver jamás otra corrida!
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A los toros me llevaron
en una feria abrileña;
quizás nunca imaginaron
el daño que me causaron
aún siendo yo tan pequeña.
¿Por qué al toro maltrataban?
Mi mente no comprendía...
Banderillas le clavaban
y mis lágrimas brotaban
al ver tamaña agonía.
Tanta sangre derramada
salpicando por la arena
me hacía sentir angustiada
llorando desconsolada
y medio muerta de pena.
Recuerdo que me tapaba
los ojitos con la mano,
pero nadie se fijaba,
todo el mundo ovacionaba
y mi suplicio era en vano.
Cuando abandoné el albero
dije, triste y resentida
a mi madre: ¡yo no quiero
y en toda mi vida espero
ver jamás otra corrida!
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