Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquí, donde la tierra
demanda una morada,
el horizonte un árbol,
yo tu caricia franca,
aquí detuve el paso
absorto por la nada.
Debe ser aquí, dije,
en tan ancha sabana
donde Dios reflexiona
y un momento descansa.
Pruebo imitarlo, pero,
hecho ambición humana,
con profundos renglones
de ruedas holgazanas,
cual trazos paralelos
subrayando su hazaña,
llega un carro colono
rechinando añoranzas,
y un cencerro de trastos
ofensor de la calma.
Así, afligido entiendo
que desde que forjara
el Creador al hombre,
no reposa, pobre alma.
demanda una morada,
el horizonte un árbol,
yo tu caricia franca,
aquí detuve el paso
absorto por la nada.
Debe ser aquí, dije,
en tan ancha sabana
donde Dios reflexiona
y un momento descansa.
Pruebo imitarlo, pero,
hecho ambición humana,
con profundos renglones
de ruedas holgazanas,
cual trazos paralelos
subrayando su hazaña,
llega un carro colono
rechinando añoranzas,
y un cencerro de trastos
ofensor de la calma.
Así, afligido entiendo
que desde que forjara
el Creador al hombre,
no reposa, pobre alma.
Última edición: