Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
SU AMOR
— Jacinto, mi amor, no sé qué sería de mí sin ti. He amado a tres maridos, pero ninguno me ha comprendido… o quizás fui yo la que no pudo comprender a ninguno. Los tres hablaban mucho, no paraban de hablar, pero nunca me escuchaban. Tú sí que sabes escucharme y comprenderme. Ya tengo muchos años, demasiados. Nunca te abandonaré, Jacinto. ¿Verdad que nunca me dejarás?
La señora que hablaba estaba sentada en su mecedora favorita. Jacinto, un perro dálmata, apoyaba las patas delanteras en las rodillas de su ama y balanceaba levemente la mecedora; parecía que entendía las palabras y asentía moviendo ligeramente la cabeza.
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