Un anzuelo de vida.

AUGUSTO SILVA ACEVEDO

Poeta veterano en MP
UN ANZUELO DE VIDA...
Yo recuerdo a los cuatro años, a un burro, y a mi abuelo jalando una cosa parecida a un anzuelo inmenso de madera, que horadaba la tierra, y entonces, me escapaba para subir a ese aparato, del que no sabía, por qué hería el suelo próspero de una finca de 500 metros cuadrados y que mi abuelo explotaba tirando semillas, para recoger ciertos frutos en tiempo de cosecha. No sé qué ocurrió con el burro; pero mi abuelo tuvo un paro cardíaco, cuándo aún yo no llegaba a los cinco años y tampoco sé que habrá pasado con el arado, que dio de comer a la familia del abuelo por mucho tiempo... En esas época en la tierra olía a vida y amor, y a esfuerzo. Siempre abuelo me veía de reojo, como sí no quisiera enterarse de que yo iba montado en el inmenso anzuelo, que hoy me inspira, para narrar este pequeño relato...
augus
 
UN ANZUELO DE VIDA...
Yo recuerdo a los cuatro años, a un burro, y a mi abuelo jalando una cosa parecida a un anzuelo inmenso de madera, que horadaba la tierra, y entonces, me escapaba para subir a ese aparato, del que no sabía, por qué hería el suelo próspero de una finca de 500 metros cuadrados y que mi abuelo explotaba tirando semillas, para recoger ciertos frutos en tiempo de cosecha. No sé qué ocurrió con el burro; pero mi abuelo tuvo un paro cardíaco, cuándo aún yo no llegaba a los cinco años y tampoco sé que habrá pasado con el arado, que dio de comer a la familia del abuelo por mucho tiempo... En esas época en la tierra olía a vida y amor, y a esfuerzo. Siempre abuelo me veía de reojo, como sí no quisiera enterarse de que yo iba montado en el inmenso anzuelo, que hoy me inspira, para narrar este pequeño relato...
augus
Hermoso relato sobre cosas hermosas. Saludos
 
UN ANZUELO DE VIDA...
Yo recuerdo a los cuatro años, a un burro, y a mi abuelo jalando una cosa parecida a un anzuelo inmenso de madera, que horadaba la tierra, y entonces, me escapaba para subir a ese aparato, del que no sabía, por qué hería el suelo próspero de una finca de 500 metros cuadrados y que mi abuelo explotaba tirando semillas, para recoger ciertos frutos en tiempo de cosecha. No sé qué ocurrió con el burro; pero mi abuelo tuvo un paro cardíaco, cuándo aún yo no llegaba a los cinco años y tampoco sé que habrá pasado con el arado, que dio de comer a la familia del abuelo por mucho tiempo... En esas época en la tierra olía a vida y amor, y a esfuerzo. Siempre abuelo me veía de reojo, como sí no quisiera enterarse de que yo iba montado en el inmenso anzuelo, que hoy me inspira, para narrar este pequeño relato...
augus
Hermoso relato donde las formas de un pasado esencial cabalgan entre esas materias
que aun olvidades dejan el rastro de lo sentido. bellissimo. saludos de luzyabsenta
 

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