Fabiola Montes
Poeta asiduo al portal
Alcé la cabeza persiguiendo el vuelo
de las aves de alas negras
que giraban sobre mí.
Hermosas, majestuosas,
cercanas y lejanas,
describían una danza
de tonos grises y carmesí.
Me embelesó su belleza,
sus movimientos, su sutileza,
la energía de su ritmo
la magia de una sinfonía sin fin.
Y las aves me rodearon
y sus alas me ciñeron.
En lo que dura un parpadeo
en tus brazos aparecí.
Las aves de alas negras
dibujaron tu figura,
tu rostro melancólico,
tu mirada de intenso gris.
Tu silencio me llamaba.
Mi alma se hizo fuego.
Mis labios en silencio te dijeron sí.
Y mi cuerpo se hizo aire.
Hecha viento con las aves,
en un soplido de anhelo,
entre alas negras a tu encuentro partí.
de las aves de alas negras
que giraban sobre mí.
Hermosas, majestuosas,
cercanas y lejanas,
describían una danza
de tonos grises y carmesí.
Me embelesó su belleza,
sus movimientos, su sutileza,
la energía de su ritmo
la magia de una sinfonía sin fin.
Y las aves me rodearon
y sus alas me ciñeron.
En lo que dura un parpadeo
en tus brazos aparecí.
Las aves de alas negras
dibujaron tu figura,
tu rostro melancólico,
tu mirada de intenso gris.
Tu silencio me llamaba.
Mi alma se hizo fuego.
Mis labios en silencio te dijeron sí.
Y mi cuerpo se hizo aire.
Hecha viento con las aves,
en un soplido de anhelo,
entre alas negras a tu encuentro partí.