Lirae
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me despierto en medio de la noche…
Es una noche atípica, como las que siempre vivo al otro lado. Sin visos de que vaya a amanecer. Allí está ella, aquella pequeña que tengo que proteger a toda costa.
Hace tiempo que, los niños desaparecen, como si fuera molesta la inocencia, y alguien los quita de en medio.
No puede pasar eso con esta pequeña, es mi responsabilidad, aunque ni siquiera recuerdo sunombre...mas si su cabello, negro como aquella noche y sus ojos redondos como la luna, y su sonrisa cuando me mira, tan segura, tan inocente, tan ausente de la realidad, esta me convence de que, aunque me deje la vida, ella tiene que sobre vivir.
Hay muchas gente en esa habitación extraña, pues aunque los cristales parecen gélidos, y corren gotas de agua por ellos, no llueve fuera, y tampoco hace frio. Pero mirar hacia fuera, es aterrador.
La noche es completamente oscura, pero está repleta de sombras.
Somos muchos en la habitación, mas todos diferentes. Algunos con miedo, otros despreocupados, otros ya muy lejos de la realidad...Les ruego a aquellos en los que confío que vigilen a la niña, en lo que yo presto mi atención en averiguar que o quien es el que hace desaparecer a los niños...Necesito que hagan un circulo de cuidados a su alrededor, para que nadie la dañe...Más no me fio, algunos se duermen y no cumplen su cometido...Me desespero, pues a nadie parece importarle lo que sucede.
Me empieza a vencer el desanimo...el cansancio es extremo y temo caer en un sueño profundo y dejarla desamparada...La ató a mi pecho y me tumbo en posición fetal, protegiéndola por completo entre mi cuerpo, para que nadie pueda tocarla sin que yo lo perciba...¡es tal el miedo!
Decido buscar la solución, y me levanto del letargo resuelta a ello…
No se puede vivir con miedo, seguir en esa habitación es un suicidio lento...Necesito conocer a mi enemigo para saber como defenderme…
Dejo a la niña a buen recaudo y salgo tiritando de pánico, en busca de lo que temo...No tardo mucho en llegar a un lugar apartado, que huele a muerte. Las rocas, están bañadas de sangre...no puedo contener las lágrimas, tapo mi boca con las dos manos, porque necesito llorar, necesito gritar, pero por fin veo a aquellos que están matando la inocencia...Son personas normales...Personas que me saludan a la luz del día...y por la noche, se convierten en monstruos…
No entiendo a la humanidad, y quiero volverme a mi celda, a aquel lugar donde me espera mi pequeña…
Ya camino sin miedo, lo he sobrepasado todo y nada puedo hacer…Sólo confiar.
Llegó a la habitación...ella me espera con su sonrisa habitual, yo la tomo entre mis brazos, la alimento, la aseo, le cuento una historia hermosa, donde ella es la protagonista...y ella se duerme plácidamente sobre mis rodillas…
Llega el enemigo hasta la habitación, nadie ve en sus manos la sangre, excepto yo. Ya no tengo miedo...Ahora soy mas fuerte, y ellos se desvanecen como la niebla…
Muchas veces vivimos amedrentados, por el temor a lo que imaginamos. Por dar un paso, que quizás nos solucione la vida. Es verdad que, el temor es algo intrínseco en nosotros, pero no somos creados para temer.
Esta historia, es cruenta, sanguinaria, atroz, terrible, inhumana...Y gracias a Dios no se dan a menudo en nuestro entorno, pero si hay otras mas sutiles, que nos hacen vivir amedrentados, la superstición es una de ellas. Vivimos toda una vida, intentando cumplir con normas de obligado cumplimiento por temor…
Yo he dejado de temer...pues no sólo conozco al enemigo de mi alma, para saber por donde anda y como parar sus destrozos, sino que además, conozco Al que va a mi lado cuando decido confiar...Él y yo, somos un ejercito imposible de derribar...Aun cuando me hieran la carne, nada, ni nadie, podrá matar a mi alma…
Este pensamiento me salvó la vida...
SHA
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