Alan Rosas
Poeta recién llegado
Amor como el que te tengo
comenzó aquella vez que te vi,
aquella primera vez que te vi
me enamoré perdidamente.
Te vi y me basto para amarte
hasta el día de hoy ,
y sentir que en la eternidad
te seguiré amando.
Todo este tiempo
he disfrutado amarte,
amándote más y más.
Me enamoré de la sensualidad
en tus labios sonrosados
que dan calma a mis deseos,
y del alivio que me da tu lengua.
Me enamoré de la divinidad
en tus ojos marrones
que ofrecen esperanza a mis anhelos,
y del consuelo que me da tu mirada.
Me enamoré del esplendor
en tu cabello castaño
que invita a ser morada de mis suspiros,
y del perfume que me da cuando se mueve.
Me enamoré del cariño
en tus manos claras
que se abren a mí para aferrarme a ellas.
Me enamoré de la paz
en tus mejillas sonrojadas
que brindan descanso a mis perseverancias,
y del aliento que me da el beso
con el que sello mis promesas,
de amor verdadero.
Me enamoré de ti
de pie a cabeza,
de esas perfecciones
sin excepciones.
Sin añadirte nada
ni eliminarte nada,
tal cual eres maravillosa.
Eres maravillosamente perfecta.
Porque la perfección aún existe,
la perfección aún tiene nombre,
y se llama como tú.
La perfección en ti se inmortalizó.
La perfección eres tú.
Si hablamos de mujeres,
hablemos de una.
La que me fascina y me encanta.
La que deseo y necesito.
La que amo y adoro.
Hablo de la mujer perfecta.
Eres tú mi amor,
quien tiene el secreto de mi felicidad
y la razón de mi vida.
He dejado en claro
sobre tus labios y mejillas,
que te ofrezco con mis labios
un amor incondicional.
Bésame y te declararé
cuanto te amo …
comenzó aquella vez que te vi,
aquella primera vez que te vi
me enamoré perdidamente.
Te vi y me basto para amarte
hasta el día de hoy ,
y sentir que en la eternidad
te seguiré amando.
Todo este tiempo
he disfrutado amarte,
amándote más y más.
Me enamoré de la sensualidad
en tus labios sonrosados
que dan calma a mis deseos,
y del alivio que me da tu lengua.
Me enamoré de la divinidad
en tus ojos marrones
que ofrecen esperanza a mis anhelos,
y del consuelo que me da tu mirada.
Me enamoré del esplendor
en tu cabello castaño
que invita a ser morada de mis suspiros,
y del perfume que me da cuando se mueve.
Me enamoré del cariño
en tus manos claras
que se abren a mí para aferrarme a ellas.
Me enamoré de la paz
en tus mejillas sonrojadas
que brindan descanso a mis perseverancias,
y del aliento que me da el beso
con el que sello mis promesas,
de amor verdadero.
Me enamoré de ti
de pie a cabeza,
de esas perfecciones
sin excepciones.
Sin añadirte nada
ni eliminarte nada,
tal cual eres maravillosa.
Eres maravillosamente perfecta.
Porque la perfección aún existe,
la perfección aún tiene nombre,
y se llama como tú.
La perfección en ti se inmortalizó.
La perfección eres tú.
Si hablamos de mujeres,
hablemos de una.
La que me fascina y me encanta.
La que deseo y necesito.
La que amo y adoro.
Hablo de la mujer perfecta.
Eres tú mi amor,
quien tiene el secreto de mi felicidad
y la razón de mi vida.
He dejado en claro
sobre tus labios y mejillas,
que te ofrezco con mis labios
un amor incondicional.
Bésame y te declararé
cuanto te amo …