Fui demasiado impetuoso
en mi bella primavera,
tuve un arma de primera
con un cañón fabuloso.
Siempre rígido, brilloso,
no importaba gastar tiros;
aceleraba respiros
a damas que lo miraban
y cada que lo tocaban
¡Arrancaba mil suspiros!
Usé sin remordimiento
ese rifle a cada rato;
el parque estaba barato,
lo gasté sin miramientos.
Disfruté bellos momentos
de mi buena puntería;
por la noche o por el día
con el arma disparaba,
nada mas lo acariciaba
¡Y al momento respondía!
Lo gocé lo suficiente,
a ambos lados disparaba;
a las damas alegraba
con mi cañón tan potente.
De cuidarlo fui prudente
y le di mantenimiento;
me dejaba muy contento
pues cazaba cualquier presa;
lo hacía con gran destreza
y mucho conocimiento.
Cómo el arma nueva estaba
desde el cañón al gatillo;
la usé como un chiquitillo
que muy feliz retozaba.
De su estuche la sacaba
para usarla en luna nueva;
al entrar en una cueva
disparaba por sorpresa,
neutralizando a la presa
vestida en traje de Eva.
Fui siempre bueno cazando
con un olfato muy fino;
siempre gocé de buen tino,
era el mejor disparando.
Bellas pieles perforando
con mi buena puntería;
de mi suerte me reía
y aun que nadie me lo crea
-si la presa estaba fea-
¡Solo un disparo le hacía!
Ya no tiro tan seguido
ignoro por qué lo sea,
será que el parque escasea
que me deja compungido
y yo que tanto me cuido.
Hoy con tristeza me quejo
ya no suena tan parejo
ha de ser por tanto uso,
me ha dejado muy confuso
¿Será que el rifle está viejo?
Lo llevé al especialista
a ver si lo reparaba;
por si algún mal encontraba
con su analítica vista.
Consultó al almacenista
hombre de gran experiencia,
si tenía en existencia
para mi arma refacciones,
le contestó ¡Por montones
para curar su dolencia!
Un amigo comerciante
que se enteró de mi mal
me dijo no es tan fatal
ni tampoco preocupante.
Pues ya lo usaste bastante
que no te acongoje nada;
ya levanta la mirada
las cosas vienen y van,
pues ya lo dice el refrán
¡Todo por servir se acaba!