errante xilos
Poeta recién llegado
Militarizando las pequeñas pústulas
que hacen natural el asco en las mentes incipientes,
logramos la uniformidad en la enfermedad,
logramos que la batalla en la locura sea menos banal...
Los lóbregos días de la maraña y la modorra agónica
alimentaron tórridamente las noches de fiebre,
derramaron rubor en las mejillas de una luna amarillenta,
recorrieron las semanas áridas,
dejaron huellas en este mes infértil.
Es la noche cara,
la media noche astral
la línea entre lo claro y lo oscuro se difumina entre ojos,
entre los sueños y la brutal calentura que derrite la razón...
Estamos en la ciénaga infecta,
narrando los últimos cuentos que nos quedan por vivir,
acostados, deseando la muerte,
abriendo esa última puerta,
el carnal puerto
entre lo sublime y lo infernal...
No hay tumbas que visitar,
solo quedan los versos de la existencia en un papel,
en un mundo de hierro,
en un mar de hiel...
que hacen natural el asco en las mentes incipientes,
logramos la uniformidad en la enfermedad,
logramos que la batalla en la locura sea menos banal...
Los lóbregos días de la maraña y la modorra agónica
alimentaron tórridamente las noches de fiebre,
derramaron rubor en las mejillas de una luna amarillenta,
recorrieron las semanas áridas,
dejaron huellas en este mes infértil.
Es la noche cara,
la media noche astral
la línea entre lo claro y lo oscuro se difumina entre ojos,
entre los sueños y la brutal calentura que derrite la razón...
Estamos en la ciénaga infecta,
narrando los últimos cuentos que nos quedan por vivir,
acostados, deseando la muerte,
abriendo esa última puerta,
el carnal puerto
entre lo sublime y lo infernal...
No hay tumbas que visitar,
solo quedan los versos de la existencia en un papel,
en un mundo de hierro,
en un mar de hiel...