Yo no esperaba encontrarte,
-¿porqué yo entre tantos mortales?
¡tantas cosas quisiera decirte...!
Te veía alegre y radiante;
tan amante de vientos, mareas y gentes
que te sentí inalcanzable, lejana y ausente.
No imaginé que en los incandescentes volcanes del sur
pudiera abrirse una grieta
para escapar de la muerte.
entonces, de tanto observarte, comprendí tu timidez
escondida en la tierra profunda.
Supe de tu hondo rincón secreto
donde tus tímidos sueños vuelan con alas de ángel.
Besando con pasión tu frente y tu boca ardiente
sentí la explosión de tu llama incontenida y urgente
remontando arriba hacia el horizonte.
Se fraguó ante mis ojos entonces la espesa lava
anclada al sol de la pradera,
ingrávida, omnipresente.
Ángel de mis sueños,
sin dolor y sin muerte,
déjame unirme a tu fragua
de bronce de amor perenne.