Rogelio Miranda
Poeta que considera el portal su segunda casa
10-9-2016. Eva
Qué triste estoy, mujer, desde que partiste,
no ha sido fácil, querida, decírtelo,
te fuiste sin decirme ni siquiera adiós,
después de haberte querido tantísimo.
Siempre decías que me querías muchísimo,
que eras feliz, desde que me conociste,
que era en tu vida, una bendición del cielo,
que por nada, nos separaríamos los dos.
¿Qué te alejó? Si fui el amor de tu vida.
¿Qué mal pudo mi amor causarte? ¿Dime amor?
Para que un día, emprendieras la partida,
cual picaflor, después de visitar la flor.
¡A tu huida! ¡Me dejaste qué miserable!
Corría de aquí para allá - en toda dirección-;
pero jamás, una queja reprochable,
fue expulsada de mi angustiado corazón.
También sé cuánto has sufrido. Me lo dijo
el viento: ¡Cuánto sufre la madre por su hijo!
Y aunque no te lo merezcas, amiga:
¡Entra, afuera hace frío! Y que Dios, nos bendiga.
Autor: Rogelio Miranda
Qué triste estoy, mujer, desde que partiste,
no ha sido fácil, querida, decírtelo,
te fuiste sin decirme ni siquiera adiós,
después de haberte querido tantísimo.
Siempre decías que me querías muchísimo,
que eras feliz, desde que me conociste,
que era en tu vida, una bendición del cielo,
que por nada, nos separaríamos los dos.
¿Qué te alejó? Si fui el amor de tu vida.
¿Qué mal pudo mi amor causarte? ¿Dime amor?
Para que un día, emprendieras la partida,
cual picaflor, después de visitar la flor.
¡A tu huida! ¡Me dejaste qué miserable!
Corría de aquí para allá - en toda dirección-;
pero jamás, una queja reprochable,
fue expulsada de mi angustiado corazón.
También sé cuánto has sufrido. Me lo dijo
el viento: ¡Cuánto sufre la madre por su hijo!
Y aunque no te lo merezcas, amiga:
¡Entra, afuera hace frío! Y que Dios, nos bendiga.
Autor: Rogelio Miranda