Yo, si por mí fuera,
no me lo pensaría dos veces.
Estrujaría los libros de historia
hasta convertir en pasta de papel
la tierra conquerida.
Y sembraría un árbol
regado con las lágrimas
de cada batalla perdida
en los libros escurridas.
A los hombres que vencieron
causando gran dolor
les arrebataría el fusil
y les daría una hoz y un martillo
para que recuperaran su honor
sembrando en el dolor trigo
y donde derramaron sangre , vino
para brindar por nuestro amor.
Formaría con ellos escuadrones
de ordas de esbirros
para podar la mala hierba
y así cortar las ramas secas
que sepultaron la esperanza
en el olvido.
Y a los hombres vencidos
-enviados del cielo-
les escribiría sus nombres con tinta
permanente en el infinito,
a cada luz de estrella
un querubín caído,
y a tí, mi ángel más querido,
por miriadas de luces
te llevaría conmigo
rumbo a la eternidad del cielo,
donde alumbra el amor y el desvarío.
no me lo pensaría dos veces.
Estrujaría los libros de historia
hasta convertir en pasta de papel
la tierra conquerida.
Y sembraría un árbol
regado con las lágrimas
de cada batalla perdida
en los libros escurridas.
A los hombres que vencieron
causando gran dolor
les arrebataría el fusil
y les daría una hoz y un martillo
para que recuperaran su honor
sembrando en el dolor trigo
y donde derramaron sangre , vino
para brindar por nuestro amor.
Formaría con ellos escuadrones
de ordas de esbirros
para podar la mala hierba
y así cortar las ramas secas
que sepultaron la esperanza
en el olvido.
Y a los hombres vencidos
-enviados del cielo-
les escribiría sus nombres con tinta
permanente en el infinito,
a cada luz de estrella
un querubín caído,
y a tí, mi ángel más querido,
por miriadas de luces
te llevaría conmigo
rumbo a la eternidad del cielo,
donde alumbra el amor y el desvarío.