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El verdugo

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
EL VERDUGO

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Dos guardianes me llevaron esposado por el largo pasillo que conduce a la silla eléctrica. Ante esta desesperada situación, sentí pánico y grité:

¡Se equivocan ustedes! No soy el condenado a muerte; soy Wilson, el encargado de ejecutar al preso. ¿No me conocen? Soy Wilson, Wilson. Quiero hablar con el jefe para aclarar esta absurda confusión.

Tranquilízate, Taylor – me dijo uno de los guardianes – Enseguida te inyectarán un sedante y no sentirás nada.

No soy Taylor, el condenado; soy Wilson, el ejecutor de la sentencia. Wilson, Wilson, Wilson… Me van a matar, madre mía. – respondí llorando.
Después de inyectarme el sedante, cuando estaba más calmado, me sentaron en la silla eléctrica. Entonces miré al guardián que me colocaba los electrodos en los brazos y reconocí en él a mí mismo. Pensé que no podía ser dos personas: el guardián y el condenado. La confusión, el terror y el sedante provocaron mi desmayo.



Me desperté en la cama de mi apartamento sintiendo un terrible dolor de cabeza. Había bebido demasiado whisky, como hacía cada noche antes de ejecutar a un condenado el día siguiente. Bebiendo ahogaba mi conciencia y destrozaba mi hígado. Tenía que acudir a la prisión antes de una hora. Me duché con agua fría para terminar de despertarme. La pesadilla que había sufrido me seguía pareciendo demasiado real. Mientras caía el agua helada, recuperando la lucidez, me pregunté si durante el sueño las almas pueden cambiar de cuerpo. Pensé que ninguna persona decide quién será: nadie elige a sus padres ni el lugar donde nace. Yo soy Wilson, está claro después de despertar, pero podía haber sido Taylor. Entonces, mientras me secaba con la toalla, decidí dejar mi “trabajo” inmediatamente. Ahora me siento mejor, ya no me duele la cabeza. Espero que este relato sirva para abolir la pena de muerte.





 
Última edición:
Impactante relato!!! Atrapa y conmueve!! Felicitaciones por este estupendo trabajo, amigo poeta!! Un abrazo
Espero que algún día este relato pierda actualidad. La pena de muerte promueve la violencia en la sociedad que la permite. El estado no debe emplear los mismos métodos que los peores asesinos, no debe dar el peor ejemplo a sus ciudadanos.

Un abrazo cordial.
 
EL VERDUGO

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Dos guardianes me llevaron esposado por el largo pasillo que conduce a la silla eléctrica. Ante esta desesperada situación, sentí pánico y grité:

¡Se equivocan ustedes! No soy el condenado a muerte, soy Wilson, el guardián de esta prisión. ¿No me conocen? Soy Wilson, Wilson. Quiero hablar con el jefe para aclarar esta absurda confusión.

Tranquilízate, Taylor – me dijo uno de los guardianes – Enseguida te inyectarán un sedante y no sentirás nada.

No soy Taylor, el condenado; soy Wilson, el guardián. Wilson, Wilson, Wilson… Me van a matar, madre mía. – respondí llorando.
Después de inyectarme el sedante, cuando estaba más calmado, me sentaron en la silla eléctrica. Entonces miré al guardián que me colocaba los electrodos en los brazos y reconocí en él a mí mismo. Pensé que no podía ser dos personas: el guardián y el condenado. La confusión, el terror y el sedante provocaron mi desmayo.



Me desperté en la cama de mi apartamento sintiendo un terrible dolor de cabeza. Había bebido demasiado whisky, como hacía cada noche antes de ejecutar a un condenado el día siguiente. Bebiendo ahogaba mi conciencia y destrozaba mi hígado. Tenía que acudir a la prisión antes de una hora. Me duché con agua fría para terminar de despertarme. La pesadilla que había sufrido me seguía pareciendo demasiado real. Mientras caía el agua helada, recuperando la lucidez, me pregunté si durante el sueño las almas pueden cambiar de cuerpo. Pensé que ninguna persona decide quién será: nadie elige a sus padres ni el lugar donde nace. Yo soy Wilson, está claro después de despertar, pero podía haber sido Taylor. Entonces, mientras me secaba con la toalla, decidí dejar mi “trabajo” inmediatamente. Ahora me siento mejor, ya no me duele la cabeza. Espero que este relato sirva para abolir la pena de muerte.





Ayyy Antonio, escalofriante y bello relato, mientras leía me he puesto en la piel del guardián y he sentido escalofríos. Yo habría dejado también ese trabajo de verdugo y abogaría definitivamente por abolir la pena de muerte, en potencia no sabemos qué podemos llegar a ser y nadie es dueño de poner fin a la vida, la vida es sagrada para toda criatura viviente. Encantada de leerte querido amigo. Besazos con cariño y admiración....muááááckss...
 
Ayyy Antonio, escalofriante y bello relato, mientras leía me he puesto en la piel del guardián y he sentido escalofríos. Yo habría dejado también ese trabajo de verdugo y abogaría definitivamente por abolir la pena de muerte, en potencia no sabemos qué podemos llegar a ser y nadie es dueño de poner fin a la vida, la vida es sagrada para toda criatura viviente. Encantada de leerte querido amigo. Besazos con cariño y admiración....muááááckss...

Gracias por interpretar tan bien el relato. Comparto tus ideas . Tenemos que "ponernos en la piel" de todas las personas que sufren, así evitamos causar daño. "No sabemos qué podemos llegar a ser" y nadie es dueño de la vida. La pena de muerte promueve la violencia en la sociedad, puesto es el mismo método que emplean los asesinos.

Un abrazo solidario.
 
EL VERDUGO

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Dos guardianes me llevaron esposado por el largo pasillo que conduce a la silla eléctrica. Ante esta desesperada situación, sentí pánico y grité:

¡Se equivocan ustedes! No soy el condenado a muerte, soy Wilson, el guardián de esta prisión. ¿No me conocen? Soy Wilson, Wilson. Quiero hablar con el jefe para aclarar esta absurda confusión.

Tranquilízate, Taylor – me dijo uno de los guardianes – Enseguida te inyectarán un sedante y no sentirás nada.

No soy Taylor, el condenado; soy Wilson, el guardián. Wilson, Wilson, Wilson… Me van a matar, madre mía. – respondí llorando.
Después de inyectarme el sedante, cuando estaba más calmado, me sentaron en la silla eléctrica. Entonces miré al guardián que me colocaba los electrodos en los brazos y reconocí en él a mí mismo. Pensé que no podía ser dos personas: el guardián y el condenado. La confusión, el terror y el sedante provocaron mi desmayo.



Me desperté en la cama de mi apartamento sintiendo un terrible dolor de cabeza. Había bebido demasiado whisky, como hacía cada noche antes de ejecutar a un condenado el día siguiente. Bebiendo ahogaba mi conciencia y destrozaba mi hígado. Tenía que acudir a la prisión antes de una hora. Me duché con agua fría para terminar de despertarme. La pesadilla que había sufrido me seguía pareciendo demasiado real. Mientras caía el agua helada, recuperando la lucidez, me pregunté si durante el sueño las almas pueden cambiar de cuerpo. Pensé que ninguna persona decide quién será: nadie elige a sus padres ni el lugar donde nace. Yo soy Wilson, está claro después de despertar, pero podía haber sido Taylor. Entonces, mientras me secaba con la toalla, decidí dejar mi “trabajo” inmediatamente. Ahora me siento mejor, ya no me duele la cabeza. Espero que este relato sirva para abolir la pena de muerte.






Buen relato amigo Antonio. Yo tampoco soy partidario de la pena capital. Me gustó pasar por tu espacio. Muy interesante y entretenido relato. Felicidades
 
Impresionante escrito hecho historia de suspenso y muerte, paro también de cruel realidad porque quizás esas personas que se dedican a verdugos sufran la ignominia de su conciencia. Un placer disfrutar de sus magníficas letras, Antonio del Olmo, reciba mi más cordial felicitación y saludo.
 
Última edición por un moderador:
Impresionante escrito hecho historia de suspenso y muerte, paro también de cruel realidad porque quizás esas personas que se dedican a verdugos sufran la ignominia de su conciencia. Un placer disfrutar de sus magníficas letras, Antonio del Olmo, reciba mi más cordial felicitación y saludo.

Creo que todos los partidarios de la pena de muerte deberían sufrir una pesadilla como esta. Seguro que cambiarían de opinión, igual que el protagonista del relato. Ja ja ja... Es broma.

Gracias por el comentario. Salud y ventura.
 
He disfrutado la intriga y la resolución, tus relatos, los que te he leído, tienen siempre algo de social que me gusta. Un placer, saludos

Los partidarios de la pena de muerte no se ponen en el lugar del condenado, deberían sufrir esta pesadilla. Ja ja ja ...

Gracias por leer y comentar mis relatos sociales. Salud y ventura.
 
Muy buen relato Antonio y desgraciadamente de total actualidad en eso que llaman el corredor de la muerte. Hace poco leí un artículo escalofriante sobre quien inventó la silla electrica:H.P.Brown, un empleado de Edison, leyendo tu relato me he acordado de él precisamente por la falta de empatía de estos personajes, por cierto Edison era bastante tóxico como persona. Creo que nada como la pena de muerte demuestra el fracaso de una sociedad , no estoy de acuerdo con ella, creo que puede haber castigos ejemplares sin quitarle la vida a nadie. Es un tema complicado pero rechazo absolutamente la institualización del crimen, que es lo que hace la pena de muerte. Por cierto que es casi imposible que una persona con un mínimo de ética realice ese "trabajo" a no ser que disfrutes viendo morir y sufrir a la gente, bien por el verdugo de tu relato.
Un placer leerte
Saludos y buen día
 
Última edición:
Muy buen relato Antonio y desgraciadamente de total actualidad en eso que llaman el corredor de la muerte. Hace poco leí un artículo escalofriante sobre quien inventó la silla electrica:H.P.Brown, un empleado de Edison, leyendo tu relato me he acordado de él precisamente por la falta de empatía de estos personajes, por cierto Edison era bastante tóxico como persona. Creo que nada como la pena de muerte demuestra el fracaso de una sociedad , no estoy de acuerdo con ella, creo que puede haber castigos ejemplares sin quitarle la vida a nadie. Es un tema complicado pero rechazo absolutamente la institualización del crimen, que es lo que hace la pena de muerte. Por cierto que es casi imposible que una persona con un mínimo de ética realice ese "trabajo" a no ser que disfrutes viendo morir y sufrir a la gente, bien por el verdugo de tu relato.
Un placer leerte
Saludos y buen día
Así es, Valentina. La pena de muerte degrada a la sociedad que la practica, la rebaja al nivel de los asesinos, porque emplea el mismo método que ellos. Un estado que practica la pena de muerte promueve la violencia en la sociedad, da muy mal ejemplo, porque que emplea la máxima violencia para imponer la ley.

Gracias por tu comentario- Salud y ventura.
 
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Dos guardianes me llevaron esposado por el largo pasillo que conduce a la silla eléctrica. Ante esta desesperada situación, sentí pánico y grité:

¡Se equivocan ustedes! No soy el condenado a muerte, soy Wilson, el guardián de esta prisión. ¿No me conocen? Soy Wilson, Wilson. Quiero hablar con el jefe para aclarar esta absurda confusión.

Tranquilízate, Taylor – me dijo uno de los guardianes – Enseguida te inyectarán un sedante y no sentirás nada.

No soy Taylor, el condenado; soy Wilson, el guardián. Wilson, Wilson, Wilson… Me van a matar, madre mía. – respondí llorando.
Después de inyectarme el sedante, cuando estaba más calmado, me sentaron en la silla eléctrica. Entonces miré al guardián que me colocaba los electrodos en los brazos y reconocí en él a mí mismo. Pensé que no podía ser dos personas: el guardián y el condenado. La confusión, el terror y el sedante provocaron mi desmayo.



Me desperté en la cama de mi apartamento sintiendo un terrible dolor de cabeza. Había bebido demasiado whisky, como hacía cada noche antes de ejecutar a un condenado el día siguiente. Bebiendo ahogaba mi conciencia y destrozaba mi hígado. Tenía que acudir a la prisión antes de una hora. Me duché con agua fría para terminar de despertarme. La pesadilla que había sufrido me seguía pareciendo demasiado real. Mientras caía el agua helada, recuperando la lucidez, me pregunté si durante el sueño las almas pueden cambiar de cuerpo. Pensé que ninguna persona decide quién será: nadie elige a sus padres ni el lugar donde nace. Yo soy Wilson, está claro después de despertar, pero podía haber sido Taylor. Entonces, mientras me secaba con la toalla, decidí dejar mi “trabajo” inmediatamente. Ahora me siento mejor, ya no me duele la cabeza. Espero que este relato sirva para abolir la pena de muerte.





Hermoso relato que plasma la pena de muerte que a todos nos agobia con todas sus emociones de una manera impactante. Encantada de leerte. Un abrazo amigo.
 
Hermoso relato que plasma la pena de muerte que a todos nos agobia con todas sus emociones de una manera impactante. Encantada de leerte. Un abrazo amigo.
Los partidarios de la pena de muerte deberían sufrir esta pesadilla. Ja ja ja... La sociedad que aprueba la pena de muerte se sitúa a la misma altura moral que los asesinos, puesto que emplea el mismo método que ellos para imponer la ley, y da el peor ejemplo a las personas violentas.

Gracias por el comentario. Un abrazo solidario.
 
Qué buen relato! Siento qué gira en torno a varios temas , aparte de la pena de muerte.
Al principio me situé dentro de la dicotomía de: "el otro soy yo". Me ví reflejada en el prójimo y por consiguiente, como el personaje, en esa confusión peligrosa de sentirse parte de "ese horror" que narra el relato, tanto guardián como condenado. Las dos caras de una misma moneda. La dualidad. El espejo. El verse reflejado en otro ser humano y no solo verse, si no que también sentir lo que el otro siente.
Luego al continuar la lectura percibí que el personaje estaba montado en un "sueño" o ,más bien, quisiera precisar, en un "aviso del subconsciente" y he aquí el segundo tema: "La conexión con los sueños, con lo onírico". Supongo que algo dentro de él estaba cavilando esa idea y simplemente germinó en sueño (suele pasar). Este lo sintió tan real que decide practicamente, gracias a lo sucedido ,poner fín a su "trabajo".
De aquí desprendería el tercer tema "La escucha a esa voz interior," que siempre esta ahí ,solo que tapada por capas y capas de ego y demás ruidos. El protagonista en este caso, se evadía utilizando el alcohol como arma de disfrute y desconexión.
Y por último y no menos importante, el tema de las almas y los cuerpos y los cambios de alma por distintos cuerpos. ...Creo que acá haces referencia a la reencarnación o por lo menos eso me pareció...El cuerpo perece, el alma no!
Es mi humilde punto de vista!
Desde ya muchas gracias por compartir tu escrito!

Felicidades!
 
Qué buen relato! Siento qué gira en torno a varios temas , aparte de la pena de muerte.
Al principio me situé dentro de la dicotomía de: "el otro soy yo". Me ví reflejada en el prójimo y por consiguiente, como el personaje, en esa confusión peligrosa de sentirse parte de "ese horror" que narra el relato, tanto guardián como condenado. Las dos caras de una misma moneda. La dualidad. El espejo. El verse reflejado en otro ser humano y no solo verse, si no que también sentir lo que el otro siente.
Luego al continuar la lectura percibí que el personaje estaba montado en un "sueño" o ,más bien, quisiera precisar, en un "aviso del subconsciente" y he aquí el segundo tema: "La conexión con los sueños, con lo onírico". Supongo que algo dentro de él estaba cavilando esa idea y simplemente germinó en sueño (suele pasar). Este lo sintió tan real que decide practicamente, gracias a lo sucedido ,poner fín a su "trabajo".
De aquí desprendería el tercer tema "La escucha a esa voz interior," que siempre esta ahí ,solo que tapada por capas y capas de ego y demás ruidos. El protagonista en este caso, se evadía utilizando el alcohol como arma de disfrute y desconexión.
Y por último y no menos importante, el tema de las almas y los cuerpos y los cambios de alma por distintos cuerpos. ...Creo que acá haces referencia a la reencarnación o por lo menos eso me pareció...El cuerpo perece, el alma no!
Es mi humilde punto de vista!
Desde ya muchas gracias por compartir tu escrito!

Felicidades!
Gracias por interpretar tan bien el relato, aunque no quería referirme a la reencarnación en estas frases:

"Me pregunté si durante el sueño las almas pueden cambiar de cuerpo. Pensé que ninguna persona decide quién será: nadie elige a sus padres ni el lugar donde nace."

Quiero decir que la conducta de una persona esta determinada por sus genes y el ambiente donde vive. De todos modos, un malhechor es responsable de sus actos cuando es consciente del daño que causa, aunque las circunstancias de su vida le impulsen inevitablemente a cometer un delito. Pienso que la sociedad debe evitar las causas que inducen a la delincuencia e intentar regenerar a los delincuentes.

La pena de muerte degrada a la sociedad que la practica, la rebaja al nivel moral de los asesinos, porque emplea el mismo método que ellos para imponer la ley. Un estado que practica la pena de muerte promueve la violencia en la sociedad, da un mal ejemplo, puesto que legaliza el asesinato.

Saludos cordiales desde Madrid.
 
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