Me gustas

Fingal

Poeta adicto al portal
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Me gusta tu mirada redonda sin aristas,
grande y atenta,
como dos lunas enteras
encaramadas de curiosidad joven y libre.

Me gusta cuando la primavera de las cosas
se te cuela entre la línea de los labios
y el horizonte te la copia
sonrisa guía del viajero cautivado.

Me gustan tus cejas, tu nariz,
tus uñas, tus codos, tus tobillos…

Me gusta tu pelo infinito.

Me gusta tanto, tanto tu risa
que la mezclo en los amaneceres y la lluvia
y la quiero en cada niño y cada niña
como pompas de sol y de vida,
como noventa y nueve globos de utopía.

Me gustas alba y morena;
me gustas amarilla.

Me gusta cuando es tuyo el escenario,
cuando respiras profundo el aplauso,
cuando lo recorres agradecida y generosa
y lo haces tan mágico.

Me gusta cuando se te amontonan los halagos
en un jolgorio de trinos
y tú,
cómplice y gentil,
le guiñas al más callado y tímido.

Me gusta cuando eres más mujer que estrella,
más piel que música,
más niña que diosa,
más tú y menos sueño;
y yo
menos metal y más pulso,
menos halcón y más ciervo.

Y quiero abrazarte con espigas altas y doradas,
con aguas de coral y zafiro fundidos,
o con palabras mimosas
que jamás conocieran miedos ni rabias.

Me gustas honrada y franca en el amor,
invicta y vulnerable,
cuando tus manos tientan y cobijan,
cuando tu beso se sacia y se concede,
cuando tu anhelo descansa
y todo te resplandece.

Me gustan tus palabras humanas
como las mías:
imperfectas, inquietas y asustadas.
Me gustas penitente y comprensiva.

Me gusta cuando sabemos
que no necesitas defenderte de mí
ni yo de ti.

Me gusta cuando es tan fácil quererte,
tan inevitable.

Me gusta cuando te sientas en el suelo a mi lado,
muy cerca,
como cuando ya no importa ni nos fijamos,
y es elocuente el silencio
o me explicas con tu voz de abeto y arce
por qué el universo no es tan inmenso
ni nosotros tan pequeños.

Me gusta cuando simplemente conmueves,
cuando indultas mis raíces,
cuando le das forma y sentido a mis ramas.

Me gusta cuando amarte o que me ames
es ya lo de menos,
cuando velamos a los mismos enfermos,
cuando amenaza helarse el sudor insatisfecho
y quebrarse la frágil superficie de los ojos;
pero entonces,
nos compartimos un último y fiel destello amable,
inesperado y sorprendido,
y somos más iguales que los espejos,
más reales,
más íntimos,
menos solos.

Me gusta cambiarme el deseo ávido y hondo
por la paz de que existas
y llorarte en remansos
como si fuera poeta,
mis lágrimas puras
y tu verdad perpetua.



Álvaro del Prado,
Galapagar/Las Rozas/Madrid, 17 de septiembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
 
Última edición:
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Me gusta tu mirada redonda sin aristas,
grande y atenta,
como dos lunas enteras
encaramadas de curiosidad joven y libre.

Me gusta cuando la primavera de las cosas
se te cuela entre la línea de los labios
y el horizonte te la copia
como sonrisa guía del viajero cautivado.

Me gustan tus cejas, tu nariz,
tus uñas, tus codos, tus tobillos…

Me gusta tu pelo infinito.

Me gusta tanto, tanto tu risa
que la mezclo en los amaneceres y la lluvia
y la quiero en cada niño y cada niña
como pompas de sol y de vida,
como noventa y nueve globos de utopía.

Me gustas alba y morena;
me gustas amarilla.

Me gusta cuando es tuyo el escenario,
cuando respiras profundo el aplauso,
cuando lo recorres agradecida y generosa
y lo haces tan mágico.

Me gusta cuando se te amontonan los halagos
en un jolgorio de trinos
y tú,
cómplice y gentil,
le guiñas al más callado y tímido.

Me gusta cuando eres más mujer que estrella,
más piel que música,
más niña que diosa,
más tú y menos sueño;
y yo
menos metal y más pulso,
menos halcón y más ciervo.

Y quiero abrazarte con espigas altas y doradas,
con aguas de coral y zafiro fundidos,
o con palabras mimosas
que jamás conocieran miedos ni rabias.

Me gustas honrada y franca en el amor,
invicta y vulnerable,
cuando tus manos tientan y cobijan,
cuando tu beso se sacia y se concede,
cuando tu anhelo descansa
y todo te resplandece.

Me gustan tus palabras humanas
como las mías:
imperfectas, inquietas y asustadas.
Me gustas penitente y comprensiva.

Me gusta cuando sabemos
que no necesitas defenderte de mí
ni yo de ti.

Me gusta cuando es tan fácil quererte,
tan inevitable.

Me gusta cuando te sientas en el suelo a mi lado,
muy cerca,
como cuando ya no importa ni nos fijamos,
y es elocuente el silencio
o me explicas con tu voz de abeto y arce
por qué el universo no es tan inmenso
ni nosotros tan pequeños.

Me gusta cuando simplemente conmueves,
cuando indultas mis raíces,
cuando le das forma y sentido a mis ramas.

Me gusta cuando amarte o que me ames
es ya lo de menos,
cuando velamos a los mismos enfermos,
cuando amenaza helarse el sudor insatisfecho
y quebrarse la frágil superficie de los ojos;
pero entonces,
nos compartimos un último y fiel destello amable,
inesperado y sorprendido,
y somos más iguales que los espejos,
más reales,
más íntimos,
menos solos.

Me gusta cambiarme el deseo ávido y hondo
por la paz de que existas
y llorarte en remansos
como si fuera poeta,
mis lágrimas puras
y tu verdad perpetua.



Álvaro del Prado,
Galapagar/Las Rozas/Madrid, 17 de septiembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
Me gustó la flaca, hermosa por dentro y por fuera, gracias por presentarla estimado Fingal, te dejo un saludo sincero.
 
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Me gusta tu mirada redonda sin aristas,
grande y atenta,
como dos lunas enteras
encaramadas de curiosidad joven y libre.

Me gusta cuando la primavera de las cosas
se te cuela entre la línea de los labios
y el horizonte te la copia
sonrisa guía del viajero cautivado.

Me gustan tus cejas, tu nariz,
tus uñas, tus codos, tus tobillos…

Me gusta tu pelo infinito.

Me gusta tanto, tanto tu risa
que la mezclo en los amaneceres y la lluvia
y la quiero en cada niño y cada niña
como pompas de sol y de vida,
como noventa y nueve globos de utopía.

Me gustas alba y morena;
me gustas amarilla.

Me gusta cuando es tuyo el escenario,
cuando respiras profundo el aplauso,
cuando lo recorres agradecida y generosa
y lo haces tan mágico.

Me gusta cuando se te amontonan los halagos
en un jolgorio de trinos
y tú,
cómplice y gentil,
le guiñas al más callado y tímido.

Me gusta cuando eres más mujer que estrella,
más piel que música,
más niña que diosa,
más tú y menos sueño;
y yo
menos metal y más pulso,
menos halcón y más ciervo.

Y quiero abrazarte con espigas altas y doradas,
con aguas de coral y zafiro fundidos,
o con palabras mimosas
que jamás conocieran miedos ni rabias.

Me gustas honrada y franca en el amor,
invicta y vulnerable,
cuando tus manos tientan y cobijan,
cuando tu beso se sacia y se concede,
cuando tu anhelo descansa
y todo te resplandece.

Me gustan tus palabras humanas
como las mías:
imperfectas, inquietas y asustadas.
Me gustas penitente y comprensiva.

Me gusta cuando sabemos
que no necesitas defenderte de mí
ni yo de ti.

Me gusta cuando es tan fácil quererte,
tan inevitable.

Me gusta cuando te sientas en el suelo a mi lado,
muy cerca,
como cuando ya no importa ni nos fijamos,
y es elocuente el silencio
o me explicas con tu voz de abeto y arce
por qué el universo no es tan inmenso
ni nosotros tan pequeños.

Me gusta cuando simplemente conmueves,
cuando indultas mis raíces,
cuando le das forma y sentido a mis ramas.

Me gusta cuando amarte o que me ames
es ya lo de menos,
cuando velamos a los mismos enfermos,
cuando amenaza helarse el sudor insatisfecho
y quebrarse la frágil superficie de los ojos;
pero entonces,
nos compartimos un último y fiel destello amable,
inesperado y sorprendido,
y somos más iguales que los espejos,
más reales,
más íntimos,
menos solos.

Me gusta cambiarme el deseo ávido y hondo
por la paz de que existas
y llorarte en remansos
como si fuera poeta,
mis lágrimas puras
y tu verdad perpetua.



Álvaro del Prado,
Galapagar/Las Rozas/Madrid, 17 de septiembre de 2016
© Todos los derechos reservados.

Creo que es uno de los poemas más brillantes de los que he leído desde que escribo en el foro.
Un poema excepcional de principio a fin. Pura y simplemente me encantó.
Mis aplausos y un fuerte abrazo junto con mi admiración.
Eres un extraordinario poeta, Álvaro. Un auténtico lujo para el portal
Abrazos
 
Magníficos versos de palabras simples, bellas, cotidianas pero que hacen que el lector se impregne en la maravillosa calma y delicadeza de ellos.¡Simplemente hermoso! Un verdadero placer disfrutar de su exquisita poesía, Fingal, reciba mi más cordial felicitación y saludo.
 
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Me gusta tu mirada redonda sin aristas,
grande y atenta,
como dos lunas enteras
encaramadas de curiosidad joven y libre.

Me gusta cuando la primavera de las cosas
se te cuela entre la línea de los labios
y el horizonte te la copia
sonrisa guía del viajero cautivado.

Me gustan tus cejas, tu nariz,
tus uñas, tus codos, tus tobillos…

Me gusta tu pelo infinito.

Me gusta tanto, tanto tu risa
que la mezclo en los amaneceres y la lluvia
y la quiero en cada niño y cada niña
como pompas de sol y de vida,
como noventa y nueve globos de utopía.

Me gustas alba y morena;
me gustas amarilla.

Me gusta cuando es tuyo el escenario,
cuando respiras profundo el aplauso,
cuando lo recorres agradecida y generosa
y lo haces tan mágico.

Me gusta cuando se te amontonan los halagos
en un jolgorio de trinos
y tú,
cómplice y gentil,
le guiñas al más callado y tímido.

Me gusta cuando eres más mujer que estrella,
más piel que música,
más niña que diosa,
más tú y menos sueño;
y yo
menos metal y más pulso,
menos halcón y más ciervo.

Y quiero abrazarte con espigas altas y doradas,
con aguas de coral y zafiro fundidos,
o con palabras mimosas
que jamás conocieran miedos ni rabias.

Me gustas honrada y franca en el amor,
invicta y vulnerable,
cuando tus manos tientan y cobijan,
cuando tu beso se sacia y se concede,
cuando tu anhelo descansa
y todo te resplandece.

Me gustan tus palabras humanas
como las mías:
imperfectas, inquietas y asustadas.
Me gustas penitente y comprensiva.

Me gusta cuando sabemos
que no necesitas defenderte de mí
ni yo de ti.

Me gusta cuando es tan fácil quererte,
tan inevitable.

Me gusta cuando te sientas en el suelo a mi lado,
muy cerca,
como cuando ya no importa ni nos fijamos,
y es elocuente el silencio
o me explicas con tu voz de abeto y arce
por qué el universo no es tan inmenso
ni nosotros tan pequeños.

Me gusta cuando simplemente conmueves,
cuando indultas mis raíces,
cuando le das forma y sentido a mis ramas.

Me gusta cuando amarte o que me ames
es ya lo de menos,
cuando velamos a los mismos enfermos,
cuando amenaza helarse el sudor insatisfecho
y quebrarse la frágil superficie de los ojos;
pero entonces,
nos compartimos un último y fiel destello amable,
inesperado y sorprendido,
y somos más iguales que los espejos,
más reales,
más íntimos,
menos solos.

Me gusta cambiarme el deseo ávido y hondo
por la paz de que existas
y llorarte en remansos
como si fuera poeta,
mis lágrimas puras
y tu verdad perpetua.



Álvaro del Prado,
Galapagar/Las Rozas/Madrid, 17 de septiembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
Dejar teñido una imanente presencia de eso que gusta
de la amada y que a la vez se convierte en hechizo de
cristales leves en la ceremonia del halago. una bella
obra llena de balsamos prosaicos en el manjar de
un amos suave y ductil.
felicidades. belleza para disfrutar. aplausos.
luzyabsenta
 
Es una cascada de impresionantes versos.
Has escrito con una notable elegancia un abundante amor descrito a tu amada...
 
haaaaaa el amorrrr ... y dicen que es una locura ... a menos que se ame con locura ... Bello Poema, felicitación Amigo Fingal, por tu destino y talento.

Muchas gracias homo-adictus; a veces el amor parece una locura, a veces lo único que tiene sentido. No creo que tenga un destino que merezca felicitaciones. Desde luego no en lo que a este amor se refiere.
 
Creo que es uno de los poemas más brillantes de los que he leído desde que escribo en el foro.
Un poema excepcional de principio a fin. Pura y simplemente me encantó.
Mis aplausos y un fuerte abrazo junto con mi admiración.
Eres un extraordinario poeta, Álvaro. Un auténtico lujo para el portal
Abrazos

Muchas, muchas gracias, Luis Adolfo. Eres una de las personas que comenta con más entusiasmo mis poemas, sino la que más. Sé que tiene que haber algo subjetivo, pero también que no comentas a la ligera. Sí intento escribir lo mejor que puedo, pero muchas veces tengo la sensación de no llegar. Hay algo que encontré muy pronto en este portal y es un poco de perspectiva y consciencia de lo lejos que estoy de parecer o ser realmente poeta. Por aquí leo muchos poemas que me causan admiración y me llenan de ganas de saltar muy alto para llegar a rozarlos.

Tus comentarios representan para mí un estímulo muy grande para continuar en el camino y si realmente voy aprendiendo y consigo mejorar, en una parte, que no sé si es grande o pequeña, pero es importante, será por tus palabras que tanto me animan.

Un abrazo,

Álvaro
 
Magníficos versos de palabras simples, bellas, cotidianas pero que hacen que el lector se impregne en la maravillosa calma y delicadeza de ellos.¡Simplemente hermoso! Un verdadero placer disfrutar de su exquisita poesía, Fingal, reciba mi más cordial felicitación y saludo.

Muchas gracias, Daniel. Me alegra haber podido transmitir algo de lo que siento.
 
Dejar teñido una imanente presencia de eso que gusta
de la amada y que a la vez se convierte en hechizo de
cristales leves en la ceremonia del halago. una bella
obra llena de balsamos prosaicos en el manjar de
un amos suave y ductil.
felicidades. belleza para disfrutar. aplausos.
luzyabsenta

¡Si es que cada vez que comentas casi escribes un poema! Me gusta mucho eso de la ceremonia del halago. Quiero pensar que, correctamente ejecutada, es hermosa y grata.

Muchas gracias por tus comentarios en los que siempre dejas con esmero tu sello personal.
 
Dulzura amorosa que conmueve querido amigo...
Un gusto leerte...te abrazo con todo mi cariño...
Nancy

Muchas gracias, Nancy, por tan cariñoso comentario. Haces que suene especialmente amable. A veces escribo más para mí que otra cosa y al final no transmito porque el mensaje no es claro. Creo que aquí sí lo fue.

Tengo que devolverte el abrazo,

Álvaro
 
Y cómo se llama la morocha , es artista?

Nunca me había sonado tan bonita la palabra "morocha". Últimamente casi siempre pongo su nombre y desde luego en este poema la nombro, pero no me voy a andar con acertijos. Es Alba Flores. Sí, artista, actriz en concreto, aunque si quisiera seguramente se podría ganar la vida y la fama cantando.

Seguro que te cae muy bien, porque siempre me animas a que escriba, a que mantenga viva la poesía que con tanta emoción defiendes, y si volví a escribir y aparecí por aquí fue por ella.

Un abrazo,

Álvaro
 
Pues que mayor motivación que escribir poesía materializando un ideal estético una armonía humana q camina en tu interior y que disfrutas en enaltecer como si la felicidad tuviera ojos y pies y caminara quiza hacia algun lugar de tu amor. Siguele escribiendole versos enamorados ya los valorará.
oda a la morocha jejejeje. Cuidate. Un abrazo.
 
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Me gusta tu mirada redonda sin aristas,
grande y atenta,
como dos lunas enteras
encaramadas de curiosidad joven y libre.

Me gusta cuando la primavera de las cosas
se te cuela entre la línea de los labios
y el horizonte te la copia
sonrisa guía del viajero cautivado.

Me gustan tus cejas, tu nariz,
tus uñas, tus codos, tus tobillos…

Me gusta tu pelo infinito.

Me gusta tanto, tanto tu risa
que la mezclo en los amaneceres y la lluvia
y la quiero en cada niño y cada niña
como pompas de sol y de vida,
como noventa y nueve globos de utopía.

Me gustas alba y morena;
me gustas amarilla.

Me gusta cuando es tuyo el escenario,
cuando respiras profundo el aplauso,
cuando lo recorres agradecida y generosa
y lo haces tan mágico.

Me gusta cuando se te amontonan los halagos
en un jolgorio de trinos
y tú,
cómplice y gentil,
le guiñas al más callado y tímido.

Me gusta cuando eres más mujer que estrella,
más piel que música,
más niña que diosa,
más tú y menos sueño;
y yo
menos metal y más pulso,
menos halcón y más ciervo.

Y quiero abrazarte con espigas altas y doradas,
con aguas de coral y zafiro fundidos,
o con palabras mimosas
que jamás conocieran miedos ni rabias.

Me gustas honrada y franca en el amor,
invicta y vulnerable,
cuando tus manos tientan y cobijan,
cuando tu beso se sacia y se concede,
cuando tu anhelo descansa
y todo te resplandece.

Me gustan tus palabras humanas
como las mías:
imperfectas, inquietas y asustadas.
Me gustas penitente y comprensiva.

Me gusta cuando sabemos
que no necesitas defenderte de mí
ni yo de ti.

Me gusta cuando es tan fácil quererte,
tan inevitable.

Me gusta cuando te sientas en el suelo a mi lado,
muy cerca,
como cuando ya no importa ni nos fijamos,
y es elocuente el silencio
o me explicas con tu voz de abeto y arce
por qué el universo no es tan inmenso
ni nosotros tan pequeños.

Me gusta cuando simplemente conmueves,
cuando indultas mis raíces,
cuando le das forma y sentido a mis ramas.

Me gusta cuando amarte o que me ames
es ya lo de menos,
cuando velamos a los mismos enfermos,
cuando amenaza helarse el sudor insatisfecho
y quebrarse la frágil superficie de los ojos;
pero entonces,
nos compartimos un último y fiel destello amable,
inesperado y sorprendido,
y somos más iguales que los espejos,
más reales,
más íntimos,
menos solos.

Me gusta cambiarme el deseo ávido y hondo
por la paz de que existas
y llorarte en remansos
como si fuera poeta,
mis lágrimas puras
y tu verdad perpetua.



Álvaro del Prado,
Galapagar/Las Rozas/Madrid, 17 de septiembre de 2016
© Todos los derechos reservados.

Clara expresión de gusto. Se lee bien, algo de corrido y sin trabarse uno, supongo es tu trabajo a la hora de elegir palabras, o simplemente ya es tu forma, no sé, más allá de eso, vale bien por lo que pronuncias, o te dejas pronunciar. Abrazo Alvaro.
 
Pues que mayor motivación que escribir poesía materializando un ideal estético una armonía humana q camina en tu interior y que disfrutas en enaltecer como si la felicidad tuviera ojos y pies y caminara quiza hacia algun lugar de tu amor. Siguele escribiendole versos enamorados ya los valorará.
oda a la morocha jejejeje. Cuidate. Un abrazo.

Un día saqué las palabras de debajo de las piedras y se las mostré y sí, sí lo valoró. Fue muy reconfortante que el sentimiento pudiera llegar hasta ella de una manera grata. Bueno, en realidad no fue exactamente así, (¡qué fácilmente me desvío de la realidad!), fue más expresar la admiración por su interpretación y cómo me había resucitado la poesía. Pero una cosa es haber conseguido tejer el halago y otra que con ello pudiera cambiar algún rumbo. Los versos ya son suyos, sabe dónde están, aunque nunca me ha dicho nada de ellos, solo me contestó a lo que en mi cabeza era simplemente la presentación de los poemas.

Me gustaría acercarme, si pudiera, tener la oportunidad de hacer algo por ella, pues solo con palabras o albergando sentimientos, por hermosos que pueda uno imaginarlos y más o menos expresarlos, no basta para despertar lo que hoy por hoy parece simplemente magia. Y quizá por eso es muy insensato por mi parte querer cruzar esa distancia, porque tarde o temprano la realidad del sentimiento que no existe cortará el camino de un anhelo que, no importa cuánto consiga, siempre querrá más. Y quizá por eso ella es muy sabia, porque muy seguramente me engaño a mí mismo, pero a nadie más.

Pero seguirá, seguirá la oda a la morocha... ;):):rolleyes:
 
Clara expresión de gusto. Se lee bien, algo de corrido y sin trabarse uno, supongo es tu trabajo a la hora de elegir palabras, o simplemente ya es tu forma, no sé, más allá de eso, vale bien por lo que pronuncias, o te dejas pronunciar. Abrazo Alvaro.

Muchas gracias, Enzo. Si me paro a pensarlo, últimamente sí cambio algún verso porque no me suena fluido, pero el ritmo es una de mis asignaturas pendientes en la poesía que más claramente reconozco.
 
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grande y atenta,
como dos lunas enteras
encaramadas de curiosidad joven y libre.

Me gusta cuando la primavera de las cosas
se te cuela entre la línea de los labios
y el horizonte te la copia
sonrisa guía del viajero cautivado.

Me gustan tus cejas, tu nariz,
tus uñas, tus codos, tus tobillos…

Me gusta tu pelo infinito.

Me gusta tanto, tanto tu risa
que la mezclo en los amaneceres y la lluvia
y la quiero en cada niño y cada niña
como pompas de sol y de vida,
como noventa y nueve globos de utopía.

Me gustas alba y morena;
me gustas amarilla.

Me gusta cuando es tuyo el escenario,
cuando respiras profundo el aplauso,
cuando lo recorres agradecida y generosa
y lo haces tan mágico.

Me gusta cuando se te amontonan los halagos
en un jolgorio de trinos
y tú,
cómplice y gentil,
le guiñas al más callado y tímido.

Me gusta cuando eres más mujer que estrella,
más piel que música,
más niña que diosa,
más tú y menos sueño;
y yo
menos metal y más pulso,
menos halcón y más ciervo.

Y quiero abrazarte con espigas altas y doradas,
con aguas de coral y zafiro fundidos,
o con palabras mimosas
que jamás conocieran miedos ni rabias.

Me gustas honrada y franca en el amor,
invicta y vulnerable,
cuando tus manos tientan y cobijan,
cuando tu beso se sacia y se concede,
cuando tu anhelo descansa
y todo te resplandece.

Me gustan tus palabras humanas
como las mías:
imperfectas, inquietas y asustadas.
Me gustas penitente y comprensiva.

Me gusta cuando sabemos
que no necesitas defenderte de mí
ni yo de ti.

Me gusta cuando es tan fácil quererte,
tan inevitable.

Me gusta cuando te sientas en el suelo a mi lado,
muy cerca,
como cuando ya no importa ni nos fijamos,
y es elocuente el silencio
o me explicas con tu voz de abeto y arce
por qué el universo no es tan inmenso
ni nosotros tan pequeños.

Me gusta cuando simplemente conmueves,
cuando indultas mis raíces,
cuando le das forma y sentido a mis ramas.

Me gusta cuando amarte o que me ames
es ya lo de menos,
cuando velamos a los mismos enfermos,
cuando amenaza helarse el sudor insatisfecho
y quebrarse la frágil superficie de los ojos;
pero entonces,
nos compartimos un último y fiel destello amable,
inesperado y sorprendido,
y somos más iguales que los espejos,
más reales,
más íntimos,
menos solos.

Me gusta cambiarme el deseo ávido y hondo
por la paz de que existas
y llorarte en remansos
como si fuera poeta,
mis lágrimas puras
y tu verdad perpetua.



Álvaro del Prado,
Galapagar/Las Rozas/Madrid, 17 de septiembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
Cuando el amor es y está pues la vida tiene colores que los demás no pueden percibir, así entiendo tu poema amigo Fingal y sabes, "me ha gustado " muchísimo. Felicidades y admiración Amarilys
 
Un día saqué las palabras de debajo de las piedras y se las mostré y sí, sí lo valoró. Fue muy reconfortante que el sentimiento pudiera llegar hasta ella de una manera grata. Bueno, en realidad no fue exactamente así, (¡qué fácilmente me desvío de la realidad!), fue más expresar la admiración por su interpretación y cómo me había resucitado la poesía. Pero una cosa es haber conseguido tejer el halago y otra que con ello pudiera cambiar algún rumbo. Los versos ya son suyos, sabe dónde están, aunque nunca me ha dicho nada de ellos, solo me contestó a lo que en mi cabeza era simplemente la presentación de los poemas.

Me gustaría acercarme, si pudiera, tener la oportunidad de hacer algo por ella, pues solo con palabras o albergando sentimientos, por hermosos que pueda uno imaginarlos y más o menos expresarlos, no basta para despertar lo que hoy por hoy parece simplemente magia. Y quizá por eso es muy insensato por mi parte querer cruzar esa distancia, porque tarde o temprano la realidad del sentimiento que no existe cortará el camino de un anhelo que, no importa cuánto consiga, siempre querrá más. Y quizá por eso ella es muy sabia, porque muy seguramente me engaño a mí mismo, pero a nadie más.

Pero seguirá, seguirá la oda a la morocha... ;):):rolleyes:

Tú lanzate y trata de quebrar esa barrera que piensas es infranqueable; que luego no se diga que un hombre valiente no se lanzó a la conquista del Palacio. ... Adelante Álvaro Cid Campeador. ..
 
Me gusta tu mirada redonda sin aristas,
grande y atenta,
como dos lunas enteras
encaramadas de curiosidad joven y libre.

Me gusta cuando la primavera de las cosas
se te cuela entre la línea de los labios
y el horizonte te la copia
sonrisa guía del viajero cautivado.

Me gustan tus cejas, tu nariz,
tus uñas, tus codos, tus tobillos…

Me gusta tu pelo infinito.

Me gusta tanto, tanto tu risa
que la mezclo en los amaneceres y la lluvia
y la quiero en cada niño y cada niña
como pompas de sol y de vida,
como noventa y nueve globos de utopía.

Me gustas alba y morena;
me gustas amarilla.

Me gusta cuando es tuyo el escenario,
cuando respiras profundo el aplauso,
cuando lo recorres agradecida y generosa
y lo haces tan mágico.

Me gusta cuando se te amontonan los halagos
en un jolgorio de trinos
y tú,
cómplice y gentil,
le guiñas al más callado y tímido.

Me gusta cuando eres más mujer que estrella,
más piel que música,
más niña que diosa,
más tú y menos sueño;
y yo
menos metal y más pulso,
menos halcón y más ciervo.

Y quiero abrazarte con espigas altas y doradas,
con aguas de coral y zafiro fundidos,
o con palabras mimosas
que jamás conocieran miedos ni rabias.

Me gustas honrada y franca en el amor,
invicta y vulnerable,
cuando tus manos tientan y cobijan,
cuando tu beso se sacia y se concede,
cuando tu anhelo descansa
y todo te resplandece.

Me gustan tus palabras humanas
como las mías:
imperfectas, inquietas y asustadas.
Me gustas penitente y comprensiva.

Me gusta cuando sabemos
que no necesitas defenderte de mí
ni yo de ti.

Me gusta cuando es tan fácil quererte,
tan inevitable.

Me gusta cuando te sientas en el suelo a mi lado,
muy cerca,
como cuando ya no importa ni nos fijamos,
y es elocuente el silencio
o me explicas con tu voz de abeto y arce
por qué el universo no es tan inmenso
ni nosotros tan pequeños.

Me gusta cuando simplemente conmueves,
cuando indultas mis raíces,
cuando le das forma y sentido a mis ramas.

Me gusta cuando amarte o que me ames
es ya lo de menos,
cuando velamos a los mismos enfermos,
cuando amenaza helarse el sudor insatisfecho
y quebrarse la frágil superficie de los ojos;
pero entonces,
nos compartimos un último y fiel destello amable,
inesperado y sorprendido,
y somos más iguales que los espejos,
más reales,
más íntimos,
menos solos.

Me gusta cambiarme el deseo ávido y hondo
por la paz de que existas
y llorarte en remansos
como si fuera poeta,
mis lágrimas puras
y tu verdad perpetua.
bello poema, me recuerda mi amor de juventud me gustaba como se veía y como era, lástima que hoy en día sea un amor prohibido, paradojas de la vida, gracias por traerme eso bello recuerdos...
saludos
 
Cuando el amor es y está pues la vida tiene colores que los demás no pueden percibir, así entiendo tu poema amigo Fingal y sabes, "me ha gustado " muchísimo. Felicidades y admiración Amarilys

Gracias, Amarilys. Es cierto que el amor te cambia la perspectiva. Lo que yo ya no creo es que el amor de uno sea algo mucho más especial o exclusivo que el que siente cualquier otro.

Un abrazo,

Álvaro
 

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