Maximiliano Teyssier
Poeta recién llegado
Me estoy muriendo por tocarte nuevamente
y sentir tu delicada piel, suave, dulce; ajena.
Asombrado del encanto que produce el tacto
de la piel ajena en mi corazón incauto.
Enciendes el instante si me tomas de la mano,
sosteniendo entre tus dedos mis sinceros sentimientos.
Me pierdo en el momento si me abrazas con ternura
y al rodearte entre mis brazos
quiero no soltarte nunca.
En el punto más íntimo de nuestro abrazo,
espero encontrar aquellos ojos sin iguales
que no conocen de tristeza.
Llenarme de ellos, de su cálida luz,
y cerrarlos al juntar despacio nuestros labios.
Mas esto no sucede y te apartas suavemente
sintiendo tú nuestros lazos de amistad intactos,
muriendo yo por tocarte nuevamente
y sentir tu delicada piel, suave, dulce... pero tan ajena.
y sentir tu delicada piel, suave, dulce; ajena.
Asombrado del encanto que produce el tacto
de la piel ajena en mi corazón incauto.
Enciendes el instante si me tomas de la mano,
sosteniendo entre tus dedos mis sinceros sentimientos.
Me pierdo en el momento si me abrazas con ternura
y al rodearte entre mis brazos
quiero no soltarte nunca.
En el punto más íntimo de nuestro abrazo,
espero encontrar aquellos ojos sin iguales
que no conocen de tristeza.
Llenarme de ellos, de su cálida luz,
y cerrarlos al juntar despacio nuestros labios.
Mas esto no sucede y te apartas suavemente
sintiendo tú nuestros lazos de amistad intactos,
muriendo yo por tocarte nuevamente
y sentir tu delicada piel, suave, dulce... pero tan ajena.
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