p03t4sTr0_d3_4l4b4sTr0
Poeta recién llegado
Por eso no te extraño, tanto como agradezco tu ausencia,
desnudada de presencia, puedo rehacerte a mi apetencia,
al capricho de mi antojo,
creando musa con tu despojo,
para, en medio del poema, devolverte a la existencia.
Todavía puedo recordarte, viniendo como un ángel ajeno,
dulce dama inalcanzable, vaga memoria de algún sueño,
jugando incluso a nombrarte,
creyendo verte al pronunciarte,
y que el nombre que no escribo trae consigo un olvidado sentimiento.
Amor, llaman algunos, deseo, obsesión, delirio, otros tantos,
ninguno atina a precisar la motivante de aquellos quebrantos,
lucha por amar a dúo
sin un tú o un yo,
caminando lado a lado el sendero privado al destino forjado por ambos.
Ven, mira, aquí, entre estas letras, te vuelves alguien que no has sido,
la compañera constante, cómplice inseparable, amante de este peregrino,
bendita virgen perfecta,
ardiente puta perversa,
aquella a quien poder adorar sin mancha y con quien poder mancharlo todo.
Sí, es a ti, precisamente a ti a quien estos versos dedico,
tú que despiertas el ansia por escribir a este poetastro adicto,
la siempre presente
mujer inseparable,
ideal mismo de que exista para este hombre, esta mujer que acompañe su desatino.
Con todo lo que hemos vivido, sin temor a mentirte,
puedo bien decirte que, a veces, casi, extraño extrañarte.
desnudada de presencia, puedo rehacerte a mi apetencia,
al capricho de mi antojo,
creando musa con tu despojo,
para, en medio del poema, devolverte a la existencia.
Todavía puedo recordarte, viniendo como un ángel ajeno,
dulce dama inalcanzable, vaga memoria de algún sueño,
jugando incluso a nombrarte,
creyendo verte al pronunciarte,
y que el nombre que no escribo trae consigo un olvidado sentimiento.
Amor, llaman algunos, deseo, obsesión, delirio, otros tantos,
ninguno atina a precisar la motivante de aquellos quebrantos,
lucha por amar a dúo
sin un tú o un yo,
caminando lado a lado el sendero privado al destino forjado por ambos.
Ven, mira, aquí, entre estas letras, te vuelves alguien que no has sido,
la compañera constante, cómplice inseparable, amante de este peregrino,
bendita virgen perfecta,
ardiente puta perversa,
aquella a quien poder adorar sin mancha y con quien poder mancharlo todo.
Sí, es a ti, precisamente a ti a quien estos versos dedico,
tú que despiertas el ansia por escribir a este poetastro adicto,
la siempre presente
mujer inseparable,
ideal mismo de que exista para este hombre, esta mujer que acompañe su desatino.
Con todo lo que hemos vivido, sin temor a mentirte,
puedo bien decirte que, a veces, casi, extraño extrañarte.
Última edición: