Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,
tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.
Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.
Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;
no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.
El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.
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