La música suena, tumulto de gentes perdidas.
Es el eco del alma esparcida
en el éter de nuestra existencia.
Vibran las cuerdas, entrega el piano
en tan fugaz presencia el último halo de vida.
¡Tinieblas, brumas y dudas!
Escucho la marcha fúnebre,
siento vibrar , primero , el estruendo de acordes
que rompen tonalidades mayores.
Me cubro los ojos entonces.
No quiero ver mis despojos
bañados con el dolor de las lágrimas;
la rabia contenida de mi amante,
su cara debajo de la pamela escondida.
Pasado el estruendo ya viene la calma:
¡Oid la paz de las campanas
cantar con acordes menores
nostálgica alegría:
Es la armonía que anuncia
una tregua al dolor, al recordar
con amor su querida presencia.
El hombre firme nace y muere libre,
llueven las lágrimas,
mojan y empapan el rigor de ataúdes,
el mío y el de tantas gentes:
Destierro de viejos temores...
Ahí están mis amores que labré con esmero,
de ellos ha de nacer mi esperanza,
porque en esta dolorosa labranza
entre desequilibrados dementes
escogimos a veces ser buenos.
No es triste esta marcha fúnebre ,
tan solo los primeros acordes,
solo la impotencia y la rabia
de los primeros instantes.
Antes que muerdan los mustios gusanos,
me gustaría saber que me quieres,
ver en altares de blanco alabastro
el amor que dibujé con esmero.
Porque hubieron salvajes armados
con la mortífera arma en sus mentes.
Pero también muchos hombres
supieron ser libres con pluma y tintero.
Es el eco del alma esparcida
en el éter de nuestra existencia.
Vibran las cuerdas, entrega el piano
en tan fugaz presencia el último halo de vida.
¡Tinieblas, brumas y dudas!
Escucho la marcha fúnebre,
siento vibrar , primero , el estruendo de acordes
que rompen tonalidades mayores.
Me cubro los ojos entonces.
No quiero ver mis despojos
bañados con el dolor de las lágrimas;
la rabia contenida de mi amante,
su cara debajo de la pamela escondida.
Pasado el estruendo ya viene la calma:
¡Oid la paz de las campanas
cantar con acordes menores
nostálgica alegría:
Es la armonía que anuncia
una tregua al dolor, al recordar
con amor su querida presencia.
El hombre firme nace y muere libre,
llueven las lágrimas,
mojan y empapan el rigor de ataúdes,
el mío y el de tantas gentes:
Destierro de viejos temores...
Ahí están mis amores que labré con esmero,
de ellos ha de nacer mi esperanza,
porque en esta dolorosa labranza
entre desequilibrados dementes
escogimos a veces ser buenos.
No es triste esta marcha fúnebre ,
tan solo los primeros acordes,
solo la impotencia y la rabia
de los primeros instantes.
Antes que muerdan los mustios gusanos,
me gustaría saber que me quieres,
ver en altares de blanco alabastro
el amor que dibujé con esmero.
Porque hubieron salvajes armados
con la mortífera arma en sus mentes.
Pero también muchos hombres
supieron ser libres con pluma y tintero.
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