πxel
Enzo Molinari - πxel - Costa Rica
i
Sentí su fuego
cual viva hoguera,
me abrasó sin piedad
y yo, abracé su flama,
como si no fuera estrella.
Tu noche, sin luna,
extasiaba mis venas.
ii
Sentí mi duelo
cual crudo cruel desollaje,
y mis follajes huyeron, cobardes,
volando a tus veinticinco mares,
como si hojas marchitas fueran.
Mi tarde, sin atavíos,
exhibía las penas.
iii
Sentí su muerte
cual despedida gélida,
y el amor de sus huesos
clavó su hoz en mi médula.
Yo, morí mil veces.
Tú, mañana sombría,
mi alma envenenas.
iv
Hoy, reviví
desde mi óbito sueño,
todo, es completamente nuevo,
siento tu ternura en mis brotes
y percibo tu esencia, doquiera.
En los días eternos,
—entre raíces y brácteas— me regocijas y llenas.
v
Pensar que ayer
tu vendaval deshojó mi esperanza
y tu frío pasmó mis deseos,
me deja perplejo, estático.
Pensar que hoy,
descubrí tus cimientos
y los arroyos nacientes que te inundan en mí.
vi
Este es mi tiempo lozano,
donde yo me miro en tus flores
mientras tú, hueles a sonrisas matutinas
y sabes a notas de música ligera.
Donde yo, me escucho en tus latidos
y te acaricio con el resto de mi alma.
Y te abarco en toda mi tierra, completa, entera.
vii
Permanece conmigo, graciosa y dulce amada mía,
porque amo quererte con este sentimiento inédito.
Y también, yo quiero amarte desde mi savia
hasta fusionarme contigo en las frenesíntesis.
Porque aquí y ahora, tus colores son mi aliento,
y tú, encantadora niña del prado, sencillamente eres...
mi perenne primavera.
http://palabras-arrancadas-al-alma.blogspot.com/2016/09/primavera.html
Sentí su fuego
cual viva hoguera,
me abrasó sin piedad
y yo, abracé su flama,
como si no fuera estrella.
Tu noche, sin luna,
extasiaba mis venas.
ii
Sentí mi duelo
cual crudo cruel desollaje,
y mis follajes huyeron, cobardes,
volando a tus veinticinco mares,
como si hojas marchitas fueran.
Mi tarde, sin atavíos,
exhibía las penas.
iii
Sentí su muerte
cual despedida gélida,
y el amor de sus huesos
clavó su hoz en mi médula.
Yo, morí mil veces.
Tú, mañana sombría,
mi alma envenenas.
iv
Hoy, reviví
desde mi óbito sueño,
todo, es completamente nuevo,
siento tu ternura en mis brotes
y percibo tu esencia, doquiera.
En los días eternos,
—entre raíces y brácteas— me regocijas y llenas.
v
Pensar que ayer
tu vendaval deshojó mi esperanza
y tu frío pasmó mis deseos,
me deja perplejo, estático.
Pensar que hoy,
descubrí tus cimientos
y los arroyos nacientes que te inundan en mí.
vi
Este es mi tiempo lozano,
donde yo me miro en tus flores
mientras tú, hueles a sonrisas matutinas
y sabes a notas de música ligera.
Donde yo, me escucho en tus latidos
y te acaricio con el resto de mi alma.
Y te abarco en toda mi tierra, completa, entera.
vii
Permanece conmigo, graciosa y dulce amada mía,
porque amo quererte con este sentimiento inédito.
Y también, yo quiero amarte desde mi savia
hasta fusionarme contigo en las frenesíntesis.
Porque aquí y ahora, tus colores son mi aliento,
y tú, encantadora niña del prado, sencillamente eres...
mi perenne primavera.
http://palabras-arrancadas-al-alma.blogspot.com/2016/09/primavera.html