Abrahám Emilio
Emilio.
Ella es señora de un conde,
yo soy el pobre mendigo,
porque la pecunia es más
cuando el gusto es muy, muy fino.
Él, pues el vil altanero
y es dueño de lo no mío,
además mancha paúperrima;
siento morir en su asilo.
Ella es tersa, tan hermosa
luces con prendas de lino,
es sahumidad del incienso
y relajante olor chino.
Vale poco un soñador
si no hay palabras ser mimo,
pero una cosa es lo cierto
nadie tiene mi cariño.
Él es rudo, hosco y vulgar,
y galán pero abusivo,
pero es quien todo lo gana,
ya que es él su prometido.
Ella es mi viento, mi paz
mi amor en verdad y mito:
sueño incapaz y pesar
un réquiem triste y obstruido.
¿Y para qué soñar más?,
él es conde y su marido,
el dinero es suciedad,
vale más "este papiro".
Estoy cerca al arcoíris,
quizás muerto, quizás vivo,
como leyenda inventada,
como un soñar, como un mito.
Yo sé de la vida, pero
ya se cerrará tal ciclo,
o se irá al amanecer
y así de un siglo a otro siglo.
Ella quizás no amé al conde,
y quizás sueñe conmigo,
¿si apostamos en su nombre
que es un amor en casinos?
Él le dará un viaje al mundo,
yo le regalaré un libro,
aunque se forme un gran lío
que es la magia de mi verso.
Yo ya me voy y por siempre,
por algún sitio escondido,
y verla como un dibujo
como cuando fuimos niños.
Pues se rompe el fino hilo
pues bien lo dice el refrán;
me iré sollozando y más
echando culpa al destino.
Ella es señora de un conde,
su altanero y vil marido;
en vano es todo poema,
jamás estuvo conmigo.
¿Y ahora, qué más nos da?
igual todo es repentino,
claro, cada quien merece
vivir o sufrir su sino.
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Anthony Acosta Pérez
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