RACIMOS DE LLUVIA
Era su risa mezclada de azafranes
la que me subía por los brazos
la que tendía sus ramas en mis sueños
y de ardor me enloquecía.
Era su norte el chasquido del beso
y la furia de duraznos en primavera
donde se anidaban ligero los silencios,
y la luz como peña gastada
recorría las cimbras que venían
palpitando en su aríbalo de mar.
Eran sus días esparcidos en el fondo de mis sueños
y los mares tendidos como un puñado de cruces.
En tanta luz enredada al paso de sus párpados
fui abrazando brotes de tibias amalgamas.
Tiempo de besos,
lluvia fractal,
todo esto, y el suspiro de sus labios
en densos racimos de lluvia.
EBAN