Viento de américa
Poeta adicto al portal
Unté saliva con mis dedos
en la herida más profunda del corazón,
como lo hacía mi abuela
con los raspones de mis rodillas.
¡No funcionó!
Sólo se enconó más.
La yerbera, por cien pesos,
me recetó una telaraña y limón.
¡Arde hasta la conciencia,
pero no para la hemorragia!
Una de dos,
o la saliva de la abuela
era la cura;
o la receta de la yerbera
no funcionó porque no le di
los doscientos pesos que pedía.
en la herida más profunda del corazón,
como lo hacía mi abuela
con los raspones de mis rodillas.
¡No funcionó!
Sólo se enconó más.
La yerbera, por cien pesos,
me recetó una telaraña y limón.
¡Arde hasta la conciencia,
pero no para la hemorragia!
Una de dos,
o la saliva de la abuela
era la cura;
o la receta de la yerbera
no funcionó porque no le di
los doscientos pesos que pedía.