Marla
Poeta fiel al portal
La hora en punta del olvido, amor mío.
Ven
antes de que mengue la luna, y las serpientes boreales ronden
mi diluido corazón.
Al otro lado de nuestra isla sangra
el tiempo, pesa el asfalto,
los árboles de la ciudad se estrangulan con raíces
de niebla,
y un revuelo de cenizas sigue eclipsando la fe
de las farolas.
Ven, tú que conoces mi condición de paloma,
de umbría tinta sumergida sobre el papel
de la derrota,
mi voluntad de trapo que reposa
junto al consumido cigarro
de la espera imposible: cierra los libros
que no leí, y enciende un fuego
de rosas en mi vientre.
Sean tus manos mi mantra,
sea tu carne mi luz.
Y que arda en nuestros labios
el silencio, sus inútiles abismos,
sus indemnes y trémulos fantasmas,
el humus de amianto de todas aquellas palabras
que nacieron suicidas.
Ven
antes de que mengue la luna, y las serpientes boreales ronden
mi diluido corazón.
Al otro lado de nuestra isla sangra
el tiempo, pesa el asfalto,
los árboles de la ciudad se estrangulan con raíces
de niebla,
y un revuelo de cenizas sigue eclipsando la fe
de las farolas.
Ven, tú que conoces mi condición de paloma,
de umbría tinta sumergida sobre el papel
de la derrota,
mi voluntad de trapo que reposa
junto al consumido cigarro
de la espera imposible: cierra los libros
que no leí, y enciende un fuego
de rosas en mi vientre.
Sean tus manos mi mantra,
sea tu carne mi luz.
Y que arda en nuestros labios
el silencio, sus inútiles abismos,
sus indemnes y trémulos fantasmas,
el humus de amianto de todas aquellas palabras
que nacieron suicidas.
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