Eres hija de otoño, mi pequeña avecilla
y ese gris que te envuelve es tu eterno ropaje;
acompaña tus pasos el crujir de las hojas
y es de llanto la lluvia que hoy inunda tus calles.
Va rozando tu alma con sus alas la aurora
de amanecer sombrío y cielo amenazante;
una vez más la lluvia te empapa hasta los huesos,
buscando un nuevo nido hoy vaga tu alma errante.
Aunque volaras campos de verdes primaveras
y sintieras la brisa en tu hermoso plumaje,
al final del verano que la hoguera consume,
serás de nuevo otoño cuando el fuego se apague.
Si tras de los cristales, del verde de tus ojos,
el vaho del engaño nublara tu paisaje,
recuerda que eres reina de un mundo imaginario,
avecilla de otoño ¡vuela, vive el instante!
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