brian.bolatti
Poeta recién llegado
¿Cómo serían las medidas exactas del amor luciferino
que padezco, oh mi Lilith, que padezco...contigo?
Viniste de algún coro celestial, mañanas de algún solsticio que tu alma engulló,
ahora tu hermoso cuerpo palidecía, decorado con los blancos lirios y la osa mayor
Oh cariño, ¿No lo entendés aún? Somos demonios manejados por el tenaz sol
aunque nuestros hilos de colocasia nos controlen, solo somos vos y yo
atados de mano en mano, frente a un invierno soleado,
atados de alma a alma, martirio de tal plano mundano.
Aunque te ame tanto, como la sinovia hacía los despojos, todo llega a su fin..
¿Por qué te morís ahora? Sobre mis brazos, pero bajo mi yugo, querido querubín
No tuve presagio ni augurio de la temible sonata oda a la miseria, ningún scherzo del edén
que vos, al abrir los ojos, en los truenos de la colera del señor... Vos... vos ibas a perecer.
Oh, querubín del ocaso, amante de azucenas y avellanas, tus alas...
Alas tan podridas en medio de la crisálida, tan negras y quemadas,
gastadas en su lecho estelar y nómada, muriéndose en un aliento de angel vago
dando vistas terribles sobre esa mujer que pasó de querubín a un viviente andrajo
que padezco, oh mi Lilith, que padezco...contigo?
Viniste de algún coro celestial, mañanas de algún solsticio que tu alma engulló,
ahora tu hermoso cuerpo palidecía, decorado con los blancos lirios y la osa mayor
Oh cariño, ¿No lo entendés aún? Somos demonios manejados por el tenaz sol
aunque nuestros hilos de colocasia nos controlen, solo somos vos y yo
atados de mano en mano, frente a un invierno soleado,
atados de alma a alma, martirio de tal plano mundano.
Aunque te ame tanto, como la sinovia hacía los despojos, todo llega a su fin..
¿Por qué te morís ahora? Sobre mis brazos, pero bajo mi yugo, querido querubín
No tuve presagio ni augurio de la temible sonata oda a la miseria, ningún scherzo del edén
que vos, al abrir los ojos, en los truenos de la colera del señor... Vos... vos ibas a perecer.
Oh, querubín del ocaso, amante de azucenas y avellanas, tus alas...
Alas tan podridas en medio de la crisálida, tan negras y quemadas,
gastadas en su lecho estelar y nómada, muriéndose en un aliento de angel vago
dando vistas terribles sobre esa mujer que pasó de querubín a un viviente andrajo
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