Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL GRUESO MURO INVISIBLE
– Buenas noches – dijo él.
– Buenas noches – respondió ella.
Los dos entraron en el ascensor y se miraron en el espejo situado enfrente de las puertas. Pensaron que sus imágenes reflejadas formaban una buena pareja, pero enseguida se dieron la vuelta hacia las puertas. Él miró una mancha en el rincón izquierdo de la cabina. Ella miró una raya en el rincón derecho.
Esta escena se repitió día tras día. Los dos vivían solos en el mismo edificio y coincidían muchas veces en el portal, aunque en la calle seguían direcciones opuestas. Los dos se sentían muy solos, pero su timidez les impedía relacionarse, parecía que un grueso muro invisible les separaba.
Pasaron años y años, hasta que un mal día él dejó su piso. Ella sintió una profunda tristeza y dejó su piso unos días después. Allí sigue la mancha y la raya, en los rincones del ascensor, donde no se atrevieron a mirarse. Así termina una historia de amor que no pudo ser.