Christian Jovani
Poeta recién llegado
Solías invocar a la noche su silencio,
su fantástico hechizo gentil.
Tenías sed bendita del cielo,
te deslizabas en lágrimas sinceras.
No eran breves tus alientos,
los suspiros a la boca del suplicio;
dejabas caer el riego sensato del trueno
sobre tus cabellos de lana.
Pero ya desde tus manos
te asemejas a la atmósfera de Plutón,
al hielo del espacio fúlgido, a sustancia de escarchilla.
¿Cómo podrás volver a encender la conciencia?
¿Habrá quien te salve de congelarte?
¡Vuelve Alma mía!
regresa con quien te sustenta.
su fantástico hechizo gentil.
Tenías sed bendita del cielo,
te deslizabas en lágrimas sinceras.
No eran breves tus alientos,
los suspiros a la boca del suplicio;
dejabas caer el riego sensato del trueno
sobre tus cabellos de lana.
Pero ya desde tus manos
te asemejas a la atmósfera de Plutón,
al hielo del espacio fúlgido, a sustancia de escarchilla.
¿Cómo podrás volver a encender la conciencia?
¿Habrá quien te salve de congelarte?
¡Vuelve Alma mía!
regresa con quien te sustenta.