Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
El ocaso fúnebre, una historia.
Dos guardianes en el foso de tu vientre,
varios días en vigilia,
y en ayuno, abstinencia, corpórea y alimenticia.
Al atardecer del cuarto día, cuatro ojos en vela cuidan al niño
como una ciudadela importante,
como el laberinto que se vuelve amistoso,
la negrura repleta de luz,
la luz que mengua un poco su intensa llamarada colectiva,
para un solidario momento de equilibrio y amistad.
Al atardecer,
cuatro ojos con velas ciudadanas,
observan al niño, al elegido,
escogido en el combate y el destierro,
en la lucha y el fulgor,
en el vientre materno,
y eterno.
Dos guardianes en el foso de tu vientre,
varios días en vigilia,
y en ayuno, abstinencia, corpórea y alimenticia.
Al atardecer del cuarto día, cuatro ojos en vela cuidan al niño
como una ciudadela importante,
como el laberinto que se vuelve amistoso,
la negrura repleta de luz,
la luz que mengua un poco su intensa llamarada colectiva,
para un solidario momento de equilibrio y amistad.
Al atardecer,
cuatro ojos con velas ciudadanas,
observan al niño, al elegido,
escogido en el combate y el destierro,
en la lucha y el fulgor,
en el vientre materno,
y eterno.