Nona

D. A. Vasquez Rivero.

Poeta recién llegado

NONA

Por D. A. Vasquez Rivero


Como a las dos de la tarde...
¿Que digo dos? Dos y media,
un tibio sopor me asedia
con su murmullo de cuna.
Cascabeleando se aúna
al cante de la cigarra,
verruga o tara en la parra
que con su aletear impele
el vago aroma que huele
a borra de sueño en jarra.

Sopor que llega a mi mesa
cubierta en mantel de goma,
allí donde se desploma
el trapo y la lavandina
sorbiendo la sacarina
que atrae a una mosca verde,
porque ella también se pierde
entre el dulzor de la siesta
(festón de domingo en fiesta,
bostezo que al habla muerde).

Sé bien que a aquella cigarra
la mosca el rabel le envidia
y sé que en la cruel desidia
de su vibrante aleteo
con espiral coqueteo
el propio garbo le ostenta;
y aunque cantar no le tienta
ni mucho, poco, ni nada,
posándose en la ensalada
un soso gemido inventa.

Si en algo han de parecerse
la mosca y quien les escribe
es en la envidia que exhibe
mi ser a la par del bicho;
pues siento como un gualicho
picando mi humano pecho
y (sin sacarle provecho)
yo celo al afortunado
que, cuando hubo almorzado,
le espera esposa en el lecho.

Porque no existe costumbre
que en gozo gane la apuesta:
¡Comer y dormir la siesta
es postre para la mente!
Y si por moño excelente
se ofrece una esposa y cama,
el hombre al amor proclama
su eterno agradecimiento
por tan preciado momento
que a su corazón inflama.

Sentado sigo en la mesa,
cigarra y mosca en compaña.
Empero todo lo empaña
un familiar que envenena
diciendo: "Primo, me apena
que en la bailanta esta noche
no tengas ropa ni coche,
(ni que decir de muchacha)
para dejar tu covacha
y permitirte un derroche."

Yo me lo quedo mirando
como diciéndole "¡vete!",
pero un "ajá..." se entremete
por mascarada respuesta.
Él, luego va y se recuesta
sobre una hamaca tendida,
dejándome con la hervida
sustancia roja en las venas,
entretenido en las penas
de mi celar sin medida.

Celar de esposa y almohada,
de joven carnosa y guapa,
de fémina y lluvia en chapa
repiqueteando un dialecto,
por cuyo sedante efecto
caigamos desparramados
y del ropaje librados
hallemos grandes delicias,
con un sinfín de caricias
ocultas en acolchados.

¡Saberla mía y tenerla,
si es eso lo que más quiero!
También al calor de enero,
saciados de charla y risa,
me iría con ella aprisa
a un cuarto oscuro y cerrado,
donde el amor solapado
entre visillo y persiana
convierta en regia peana
al tálamo allí plantado.

Y juntos y muy felices
acurrucando un abrazo,
(teniéndonos por reemplazo
del solitario reposo)
se caería en un foso
el somnoliento fraseo
debido al vil bisbiseo
de alguna brisa imprevista,
que echando espora a la vista
nos duerma frente al deseo.


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Vamos, que no tienes esposa.
Vale...
En resumidas cuentas.
Pero te gustaría tenerla. ¿ Verdad ?
¿ Me equivoco ? Es arriesgado, el matrimonio.
Porque incluye el patrimonio, u oficio de padre. Sabiduría y riqueza.
 
Vamos, que no tienes esposa.
Vale...
En resumidas cuentas.
Pero te gustaría tenerla. ¿ Verdad ?
¿ Me equivoco ? Es arriesgado, el matrimonio.
Porque incluye el patrimonio, u oficio de padre. Sabiduría y riqueza.

Muchas gracias por leerme, Nommo. Claro que tengo esposa, hace diez años; el pobre que no la tiene es el personaje de mi poema jaja. Con Nona busco reivindicar el valor del matrimonio y las cosas simples, aunque vitales, de la cotidianeidad. ¡Saludos! :) .
 

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