Ivonne Estefanía
Poeta fiel al portal
Pasa el tiempo tan lento
No escucho nada, sólo el silencio;
ni un susurro, ni una palabra.
¡Este silencio me embriaga!
Y no puedo más, me asfixio
en la desesperación constante
que aflige mi ser inquietante.
Y vuelvo a caer en la trampa,
que me atrapa y no me deja
ni un momento respirar;
que me tiene siendo presa
de la maldita soledad.
Y ya nada me importa,
sino volver de nuevo atrás.
No oigo murmullos ni voces,
ni siquiera el viento pasa,
ni la luz que lleva a casa
sale para verla llevarse en sí
todo el dolor que ocasiona;
ni siquiera eso, mas la oscuridad
me atormenta en la soledad.
Y no veo tampoco, no puedo,
me desespero más y más.
¡Quiero que termine todo en paz!
Me vuelvo loca de pensar
que nada más ya pasará
y me detengo, y medito,
y vuelvo a empezar a pensar.
Me tranquilizo lentamente,
trato de entender mi mente;
me llega el frío inmenso
y me congela el pensamiento
y no puedo ni hacer más,
más que sólo esperar,
ya que esto tiene que pasar.
Y me detengo, con la mente en blanco
sabiendo que ya nada es tanto
más que volver a ver la luz.
Sigo escuchando el silencio,
¿algo más?, ¡ya ni lo pienso!,
¿será que terminará todo?
o ¿ya podré pensar de otro modo?
Pero me invade un pánico horrendo,
el no saber nada me llena de miedo,
¿qué pasará? nadie lo sabe,
¿será que moriré? tal vez sí pase.
¿Alguien más ha sentido esto?
¿o sólo yo? que más da eso.
Sin embargo me atormento.
Mi cabeza se llena de dudas,
de preguntas sin respuesta,
todas vacías, llevando a cuestas
un olvido que me estremece
hasta el más profundo abismo
que en mi ser existe,
llevando la verdad que enaltece.
Sólo espero espero mucho;
creo que mi vida termina,
me arrepiento de haber fallado
y no haber podido lograr
la dicha que suponía,
que imaginaba en mi día,
que construía con alegría.
¿Qué más me falta?
No lo sé, ni lo siento,
todo me da igual, lo sé muy dentro;
¿qué puedo hacer?
ahora nada, nada más que esperar,
ese momento lejano, lo imaginé,
y ha llegado por mí, quizá por siempre.
De nuevo... ¡no!, ¡no otra vez!
maldita desesperación,
me invades amargamente,
quiero estar en paz, si es suficiente,
no verte ya más en mi vida,
me causas desdicha
y soledad vacía.
El silencio va con ella,
éste no se ha ido, pero ella regresa
a estropear mi último aliento,
el que tanto esperé con sentimiento
y confié que un día llegaría.
¿Y ahora qué? no hay más remedio
que esperar el tan ansiado momento.
¿Qué es eso?, ¿qué pasa?
vuelvo a oír y a mirar,
siento una felicidad que me llena
de fuerza y de fe en mi ser,
que me deja volver a querer
vivir mi vida y entender
que es la mejor alternativa.
Después del tiempo que pasó
sigo recordando aquel suceso,
el que esperaba no era el deceso,
sino la vida que se rebelara
como quería, como esperaba,
como no comprendía, y afirmaba
que sería mejor si ya cambiaba.
Suponía que moriría, no fue así,
pero ahora no quisiera volver a sentir
lo que sentí aquel día que me estremecí,
y comprendí que a la vida extrañaba
como menos lo creí.
Ahora lo sé todo, y mucho aprendí,
y es que ese día estuve a punto de morir.
No escucho nada, sólo el silencio;
ni un susurro, ni una palabra.
¡Este silencio me embriaga!
Y no puedo más, me asfixio
en la desesperación constante
que aflige mi ser inquietante.
Y vuelvo a caer en la trampa,
que me atrapa y no me deja
ni un momento respirar;
que me tiene siendo presa
de la maldita soledad.
Y ya nada me importa,
sino volver de nuevo atrás.
No oigo murmullos ni voces,
ni siquiera el viento pasa,
ni la luz que lleva a casa
sale para verla llevarse en sí
todo el dolor que ocasiona;
ni siquiera eso, mas la oscuridad
me atormenta en la soledad.
Y no veo tampoco, no puedo,
me desespero más y más.
¡Quiero que termine todo en paz!
Me vuelvo loca de pensar
que nada más ya pasará
y me detengo, y medito,
y vuelvo a empezar a pensar.
Me tranquilizo lentamente,
trato de entender mi mente;
me llega el frío inmenso
y me congela el pensamiento
y no puedo ni hacer más,
más que sólo esperar,
ya que esto tiene que pasar.
Y me detengo, con la mente en blanco
sabiendo que ya nada es tanto
más que volver a ver la luz.
Sigo escuchando el silencio,
¿algo más?, ¡ya ni lo pienso!,
¿será que terminará todo?
o ¿ya podré pensar de otro modo?
Pero me invade un pánico horrendo,
el no saber nada me llena de miedo,
¿qué pasará? nadie lo sabe,
¿será que moriré? tal vez sí pase.
¿Alguien más ha sentido esto?
¿o sólo yo? que más da eso.
Sin embargo me atormento.
Mi cabeza se llena de dudas,
de preguntas sin respuesta,
todas vacías, llevando a cuestas
un olvido que me estremece
hasta el más profundo abismo
que en mi ser existe,
llevando la verdad que enaltece.
Sólo espero espero mucho;
creo que mi vida termina,
me arrepiento de haber fallado
y no haber podido lograr
la dicha que suponía,
que imaginaba en mi día,
que construía con alegría.
¿Qué más me falta?
No lo sé, ni lo siento,
todo me da igual, lo sé muy dentro;
¿qué puedo hacer?
ahora nada, nada más que esperar,
ese momento lejano, lo imaginé,
y ha llegado por mí, quizá por siempre.
De nuevo... ¡no!, ¡no otra vez!
maldita desesperación,
me invades amargamente,
quiero estar en paz, si es suficiente,
no verte ya más en mi vida,
me causas desdicha
y soledad vacía.
El silencio va con ella,
éste no se ha ido, pero ella regresa
a estropear mi último aliento,
el que tanto esperé con sentimiento
y confié que un día llegaría.
¿Y ahora qué? no hay más remedio
que esperar el tan ansiado momento.
¿Qué es eso?, ¿qué pasa?
vuelvo a oír y a mirar,
siento una felicidad que me llena
de fuerza y de fe en mi ser,
que me deja volver a querer
vivir mi vida y entender
que es la mejor alternativa.
Después del tiempo que pasó
sigo recordando aquel suceso,
el que esperaba no era el deceso,
sino la vida que se rebelara
como quería, como esperaba,
como no comprendía, y afirmaba
que sería mejor si ya cambiaba.
Suponía que moriría, no fue así,
pero ahora no quisiera volver a sentir
lo que sentí aquel día que me estremecí,
y comprendí que a la vida extrañaba
como menos lo creí.
Ahora lo sé todo, y mucho aprendí,
y es que ese día estuve a punto de morir.