Ten cuidado provocativa

Acción Juliética

Poeta recién llegado
No hay mayor tortura que verte cada día,
darte un beso en la mejilla
y saber que podría llegar a más.
No soy el único que quiere cosas prohibidas,
por lo visto, compartimos un mismo lado siniestro,
lo he sentido en tu mirada,
en tus lentos abrazos que me agarran,
en tus cómplices sonrisas en las que me dices:
“quiero que me acabes esta distancia,
quiero que me desordenes la vida"


Pero no eres tan atrevida,
miras por un momento la manzana,
la tienes en tus manos y no la muerdes,
y mientras tanto yo sigo envidiando a quien te tiene,
y puede verte despertar,
sintiendo celos al pensar que puede besarte la frente,
que en días especiales tú preparas todo
para que busque el cielo en los rincones de tu cuerpo.
Maldita envidia de querer ser ese otro.


¿Y a mí qué me queda? Fantasías,
vivir de los instantes que me das,
de tus ratos fugaces de clandestina,
de los minutos que nunca han sido,
de los sueños que nunca serán,
de esperar que un día, por una tarde,
te desvistas de la cultura y seas mía,
y que no me tengas piedad al amar.


Ten cuidado, provocativa,
algún día me cansaré de desearte tanto
y pondré fin a todo esto,
que si he de sentirme culpable,
no sea por querer lo que no debo
sino por robarte un beso, un trozo de espacio,
y despacio, sentirnos delincuentes,
sudorosos, consumidos, agotados,
pero afortunados de saber que después,
envejecidos,
sonreiremos por lo que pasó
y no por lo que puedo haber pasado.
 
No hay mayor tortura que verte cada día,
darte un beso en la mejilla
y saber que podría llegar a más.
No soy el único que quiere cosas prohibidas,
por lo visto, compartimos un mismo lado siniestro,
lo he sentido en tu mirada,
en tus lentos abrazos que me agarran,
en tus cómplices sonrisas en las que me dices:
“quiero que me acabes esta distancia,
quiero que me desordenes la vida"


Pero no eres tan atrevida,
miras por un momento la manzana,
la tienes en tus manos y no la muerdes,
y mientras tanto yo sigo envidiando a quien te tiene,
y puede verte despertar,
sintiendo celos al pensar que puede besarte la frente,
que en días especiales tú preparas todo
para que busque el cielo en los rincones de tu cuerpo.
Maldita envidia de querer ser ese otro.


¿Y a mí qué me queda? Fantasías,
vivir de los instantes que me das,
de tus ratos fugaces de clandestina,
de los minutos que nunca han sido,
de los sueños que nunca serán,
de esperar que un día, por una tarde,
te desvistas de la cultura y seas mía,
y que no me tengas piedad al amar.


Ten cuidado, provocativa,
algún día me cansaré de desearte tanto
y pondré fin a todo esto,
que si he de sentirme culpable,
no sea por querer lo que no debo
sino por robarte un beso, un trozo de espacio,
y despacio, sentirnos delincuentes,
sudorosos, consumidos, agotados,
pero afortunados de saber que después,
envejecidos,
sonreiremos por lo que pasó
y no por lo que puedo haber pasado.
Bello poema, anhelar lo imposible, comer de ese fruto prohibido. A veces son sueños realizados y otras veces frustrados. Pero deja buenos recuerdos. Saludos poeta.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba