¿Quién mató a la musa?

Melissa Hdez

Poeta recién llegado
Una grisácea mañana de abril
retumbaron en las paredes de la capilla
las ahogadas voces de las campanas.
Figuras negras y sombrías
abarrotaron la sala de una tristeza inquebrantable.
Los susurros de dolor se deslizaban por el aire
recargando las partículas del ambiente.
En la tercera fila, junto a la ventana,
lloraba desconsoladamente un poeta,
que de rodillas en el viejo reclinatorio
pedía que le devolvieran a su musa.

Los pájaros no cantaron aquel día.
Todo estaba en penumbras, vacío,
la brisa se había detenido por un instante.
Ni siquiera pudo llover,
porque el cielo no tenía fuerzas para llorar.
El Padre anunció una muerte que nadie quería oír,
pero de la que todos creían saber la verdad.

Había muerto una muchacha, joven, dulce.
Encontraron su cuerpo tibio e inanimado,
con un puñal clavado en las entrañas
del que brotaban hilos de color granate.

Su mano derecha yacía en el pecho
y la izquierda sostenía tres lirios blancos.
Su rostro dormía con una expresión de calma,
y sus ojos, entrecerrados, parecían que miraban a la luz,
como si allí se hubiera ido su alma.

Se concluyó que fue un suicidio
porque no encontraron marcas de violencia,
pero aquellas débiles muñecas no hubieran sido capaces de eso.

No se suicidó, la mataron.

La mataron los poetas
que la querían frágil entre sus versos.
La mataron los pintores
que querían imitar sus cabellos dorados.
La mataron los músicos
que le componían melodías a la luz de los candelabros.
La mataron los escultores
que quisieron hacer de su cuerpo un canon perfecto.

Ella estaba cansada
de ser siempre la inspiración pero nunca la inspirada.
Estaba cansada de ser alzada y luego silenciada.
Estaba cansada de vivir a la sombra de los olivos.
Ella siempre fue el recurso
de los que no tienen palabras, pero, ¿y ella? ¿Y su voz? ¿Y su alma?
¿Tenía que estar siempre tras los versos,
tras los cuadros, tras las las ventanas?

No se suicidó, la mataron.
La mataron siglos de haber estado callada,
escondida entre los bosques, apartada,
siendo todo para todos
y para ella, nada.

No se suicidó, la mataron.
Pero al menos se fue siendo suya,
suya entre su dolor, entre toda la sangre
que le corría por las venas.

Ella se llamaba Musa,
y también poeta, y artista, y compositora.
Ella se llamaba Musa
y le marchitaron el corazón en vida
por forzarla a ser simplemente musa.

Ella se llamaba Musa,
y las campanas y los pájaros y el cielo y sus entrañas
sabían que algún día su esencia volvería a renacer.

Porque ella se llamaba Musa
pero también poesía y pintura y música y arte,
y eso era algo demasiado grande
que nadie podría volver a silenciar de nuevo.

 
conmovedor y bello poema,
la musa de inspiración y nunca la inspirada...
trágico...

un gusto leerte amiga reina de las nieves

saludos
 
¡Simplemente bello! Maravilloso poema que va deshilando en su trama la paradoja de la vida, donde muchas veces damos muerte a la hermosura para crear lo mismo, quizás las artes nunca mueran, pero la inspiración es muy frágil como la "Musa" de su poema. ¡Magistral creación! Un verdadero placer disfrutar de su profunda y exquisita poesía, snowquxxn, reciba la más cordial felicitación y saludo.

BIENVENIDACONGLOBOS2Dvi.gif
 
Una historia muy triste donde al ir recorriendo cada letra parece que se va elevando el alma de esa musa que cansada simplemente cierra los ojos,
Una belleza de poema, placer leerle, saludos!
 
Una grisácea mañana de abril
retumbaron en las paredes de la capilla
las ahogadas voces de las campanas.
Figuras negras y sombrías
abarrotaron la sala de una tristeza inquebrantable.
Los susurros de dolor se deslizaban por el aire
recargando las partículas del ambiente.
En la tercera fila, junto a la ventana,
lloraba desconsoladamente un poeta,
que de rodillas en el viejo reclinatorio
pedía que le devolvieran a su musa.

Los pájaros no cantaron aquel día.
Todo estaba en penumbras, vacío,
la brisa se había detenido por un instante.
Ni siquiera pudo llover,
porque el cielo no tenía fuerzas para llorar.
El Padre anunció una muerte que nadie quería oír,
pero de la que todos creían saber la verdad.

Había muerto una muchacha, joven, dulce.
Encontraron su cuerpo tibio e inanimado,
con un puñal clavado en las entrañas
del que brotaban hilos de color granate.

Su mano derecha yacía en el pecho
y la izquierda sostenía tres lirios blancos.
Su rostro dormía con una expresión de calma,
y sus ojos, entrecerrados, parecían que miraban a la luz,
como si allí se hubiera ido su alma.

Se concluyó que fue un suicidio
porque no encontraron marcas de violencia,
pero aquellas débiles muñecas no hubieran sido capaces de eso.

No se suicidó, la mataron.

La mataron los poetas
que la querían frágil entre sus versos.
La mataron los pintores
que querían imitar sus cabellos dorados.
La mataron los músicos
que le componían melodías a la luz de los candelabros.
La mataron los escultores
que quisieron hacer de su cuerpo un canon perfecto.

Ella estaba cansada
de ser siempre la inspiración pero nunca la inspirada.
Estaba cansada de ser alzada y luego silenciada.
Estaba cansada de vivir a la sombra de los olivos.
Ella siempre fue el recurso
de los que no tienen palabras, pero, ¿y ella? ¿Y su voz? ¿Y su alma?
¿Tenía que estar siempre tras los versos,
tras los cuadros, tras las las ventanas?

No se suicidó, la mataron.
La mataron siglos de haber estado callada,
escondida entre los bosques, apartada,
siendo todo para todos
y para ella, nada.

No se suicidó, la mataron.
Pero al menos se fue siendo suya,
suya entre su dolor, entre toda la sangre
que le corría por las venas.

Ella se llamaba Musa,
y también poeta, y artista, y compositora.
Ella se llamaba Musa
y le marchitaron el corazón en vida
por forzarla a ser simplemente musa.

Ella se llamaba Musa,
y las campanas y los pájaros y el cielo y sus entrañas
sabían que algún día su esencia volvería a renacer.

Porque ella se llamaba Musa
pero también poesía y pintura y música y arte,
y eso era algo demasiado grande
que nadie podría volver a silenciar de nuevo.

Maravilloso poema que ha escrito. Me encanto. Un saludo cordial
 
Muy hermoso poema que me ha encantado leerte. Un fuerte abrazo amiga.
 
Un poema horrible, cósmico y perfecto.
Así es la Creación, toda.
Por siempre.
Como este poema...


Es maravilloso, pero lo bueno no es gratis. ¿ Quién paga ?


" Que Dios se lo pague. "


Je, je, je. Por eso, ama y amasarás una fortuna.
 
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Una grisácea mañana de abril
retumbaron en las paredes de la capilla
las ahogadas voces de las campanas.
Figuras negras y sombrías
abarrotaron la sala de una tristeza inquebrantable.
Los susurros de dolor se deslizaban por el aire
recargando las partículas del ambiente.
En la tercera fila, junto a la ventana,
lloraba desconsoladamente un poeta,
que de rodillas en el viejo reclinatorio
pedía que le devolvieran a su musa.

Los pájaros no cantaron aquel día.
Todo estaba en penumbras, vacío,
la brisa se había detenido por un instante.
Ni siquiera pudo llover,
porque el cielo no tenía fuerzas para llorar.
El Padre anunció una muerte que nadie quería oír,
pero de la que todos creían saber la verdad.

Había muerto una muchacha, joven, dulce.
Encontraron su cuerpo tibio e inanimado,
con un puñal clavado en las entrañas
del que brotaban hilos de color granate.

Su mano derecha yacía en el pecho
y la izquierda sostenía tres lirios blancos.
Su rostro dormía con una expresión de calma,
y sus ojos, entrecerrados, parecían que miraban a la luz,
como si allí se hubiera ido su alma.

Se concluyó que fue un suicidio
porque no encontraron marcas de violencia,
pero aquellas débiles muñecas no hubieran sido capaces de eso.

No se suicidó, la mataron.

La mataron los poetas
que la querían frágil entre sus versos.
La mataron los pintores
que querían imitar sus cabellos dorados.
La mataron los músicos
que le componían melodías a la luz de los candelabros.
La mataron los escultores
que quisieron hacer de su cuerpo un canon perfecto.

Ella estaba cansada
de ser siempre la inspiración pero nunca la inspirada.
Estaba cansada de ser alzada y luego silenciada.
Estaba cansada de vivir a la sombra de los olivos.
Ella siempre fue el recurso
de los que no tienen palabras, pero, ¿y ella? ¿Y su voz? ¿Y su alma?
¿Tenía que estar siempre tras los versos,
tras los cuadros, tras las las ventanas?

No se suicidó, la mataron.
La mataron siglos de haber estado callada,
escondida entre los bosques, apartada,
siendo todo para todos
y para ella, nada.

No se suicidó, la mataron.
Pero al menos se fue siendo suya,
suya entre su dolor, entre toda la sangre
que le corría por las venas.

Ella se llamaba Musa,
y también poeta, y artista, y compositora.
Ella se llamaba Musa
y le marchitaron el corazón en vida
por forzarla a ser simplemente musa.

Ella se llamaba Musa,
y las campanas y los pájaros y el cielo y sus entrañas
sabían que algún día su esencia volvería a renacer.

Porque ella se llamaba Musa
pero también poesía y pintura y música y arte,
y eso era algo demasiado grande
que nadie podría volver a silenciar de nuevo.



Inspiracion unica, fragilidad para crear un espacio donde
la musa indaga esos elementos que pueden ir hilvanando
espacios de recorridos agradables. en ocasiones puede
ser un sueño que deja extrañeza y mas bien confabulacion
con esa inspiracion que va buscando el amor. felicidades.
excelente. saludos siempre de luzyabsent
 
Una grisácea mañana de abril
retumbaron en las paredes de la capilla
las ahogadas voces de las campanas.
Figuras negras y sombrías
abarrotaron la sala de una tristeza inquebrantable.
Los susurros de dolor se deslizaban por el aire
recargando las partículas del ambiente.
En la tercera fila, junto a la ventana,
lloraba desconsoladamente un poeta,
que de rodillas en el viejo reclinatorio
pedía que le devolvieran a su musa.

Los pájaros no cantaron aquel día.
Todo estaba en penumbras, vacío,
la brisa se había detenido por un instante.
Ni siquiera pudo llover,
porque el cielo no tenía fuerzas para llorar.
El Padre anunció una muerte que nadie quería oír,
pero de la que todos creían saber la verdad.

Había muerto una muchacha, joven, dulce.
Encontraron su cuerpo tibio e inanimado,
con un puñal clavado en las entrañas
del que brotaban hilos de color granate.

Su mano derecha yacía en el pecho
y la izquierda sostenía tres lirios blancos.
Su rostro dormía con una expresión de calma,
y sus ojos, entrecerrados, parecían que miraban a la luz,
como si allí se hubiera ido su alma.

Se concluyó que fue un suicidio
porque no encontraron marcas de violencia,
pero aquellas débiles muñecas no hubieran sido capaces de eso.

No se suicidó, la mataron.

La mataron los poetas
que la querían frágil entre sus versos.
La mataron los pintores
que querían imitar sus cabellos dorados.
La mataron los músicos
que le componían melodías a la luz de los candelabros.
La mataron los escultores
que quisieron hacer de su cuerpo un canon perfecto.

Ella estaba cansada
de ser siempre la inspiración pero nunca la inspirada.
Estaba cansada de ser alzada y luego silenciada.
Estaba cansada de vivir a la sombra de los olivos.
Ella siempre fue el recurso
de los que no tienen palabras, pero, ¿y ella? ¿Y su voz? ¿Y su alma?
¿Tenía que estar siempre tras los versos,
tras los cuadros, tras las las ventanas?

No se suicidó, la mataron.
La mataron siglos de haber estado callada,
escondida entre los bosques, apartada,
siendo todo para todos
y para ella, nada.

No se suicidó, la mataron.
Pero al menos se fue siendo suya,
suya entre su dolor, entre toda la sangre
que le corría por las venas.

Ella se llamaba Musa,
y también poeta, y artista, y compositora.
Ella se llamaba Musa
y le marchitaron el corazón en vida
por forzarla a ser simplemente musa.

Ella se llamaba Musa,
y las campanas y los pájaros y el cielo y sus entrañas
sabían que algún día su esencia volvería a renacer.

Porque ella se llamaba Musa
pero también poesía y pintura y música y arte,
y eso era algo demasiado grande
que nadie podría volver a silenciar de nuevo.


Hermoso poema lleno de sensibilidad emocionante...me atrapé, hasta el final.Muy bello poema.saludos cordiales.
 
¡Simplemente bello! Maravilloso poema que va deshilando en su trama la paradoja de la vida, donde muchas veces damos muerte a la hermosura para crear lo mismo, quizás las artes nunca mueran, pero la inspiración es muy frágil como la "Musa" de su poema. ¡Magistral creación! Un verdadero placer disfrutar de su profunda y exquisita poesía, snowquxxn, reciba la más cordial felicitación y saludo.

BIENVENIDACONGLOBOS2Dvi.gif

¡Muchas gracias Daniel! Me alegra haberte transmitido esas cosas, porque era algo que quería transmitir. El placer es todo mío porque me dediques esas bellas palabras! Un abrazo enorme y gracias por la bienvenida♡♡♡
 
Inspiracion unica, fragilidad para crear un espacio donde
la musa indaga esos elementos que pueden ir hilvanando
espacios de recorridos agradables. en ocasiones puede
ser un sueño que deja extrañeza y mas bien confabulacion
con esa inspiracion que va buscando el amor. felicidades.
excelente. saludos siempre de luzyabsent

¡Muchísimas gracias! Pretendía expresar todo lo que hay detrás de las musas, siendo en muchas ocasiones mujeres artistas, silenciadas a lo largo de la historia que quedaron en nada. También esa fragilidad y ese amor están dentro del poema. Gracias y un saludo!♡♡
 
Un poema horrible, cósmico y perfecto.
Así es la Creación, toda.
Por siempre.
Como este poema...


Es maravilloso, pero lo bueno no es gratis. ¿ Quién paga ?


" Que Dios se lo pague. "


Je, je, je. Por eso, ama y amasarás una fortuna.


¡Gracias por tus palabras como siempre! Tus comentarios siempre me hacen pensar, tienes puntos de vista muy interesantes y los disfruto mucho. Un saludo♡♡♡
 
Una historia muy triste donde al ir recorriendo cada letra parece que se va elevando el alma de esa musa que cansada simplemente cierra los ojos,
Una belleza de poema, placer leerle, saludos!

¡Muchísimas gracias por tus palabras! Me alegro de que te haya gustado mi poema♡♡♡
 
Una grisácea mañana de abril
retumbaron en las paredes de la capilla
las ahogadas voces de las campanas.
Figuras negras y sombrías
abarrotaron la sala de una tristeza inquebrantable.
Los susurros de dolor se deslizaban por el aire
recargando las partículas del ambiente.
En la tercera fila, junto a la ventana,
lloraba desconsoladamente un poeta,
que de rodillas en el viejo reclinatorio
pedía que le devolvieran a su musa.

Los pájaros no cantaron aquel día.
Todo estaba en penumbras, vacío,
la brisa se había detenido por un instante.
Ni siquiera pudo llover,
porque el cielo no tenía fuerzas para llorar.
El Padre anunció una muerte que nadie quería oír,
pero de la que todos creían saber la verdad.

Había muerto una muchacha, joven, dulce.
Encontraron su cuerpo tibio e inanimado,
con un puñal clavado en las entrañas
del que brotaban hilos de color granate.

Su mano derecha yacía en el pecho
y la izquierda sostenía tres lirios blancos.
Su rostro dormía con una expresión de calma,
y sus ojos, entrecerrados, parecían que miraban a la luz,
como si allí se hubiera ido su alma.

Se concluyó que fue un suicidio
porque no encontraron marcas de violencia,
pero aquellas débiles muñecas no hubieran sido capaces de eso.

No se suicidó, la mataron.

La mataron los poetas
que la querían frágil entre sus versos.
La mataron los pintores
que querían imitar sus cabellos dorados.
La mataron los músicos
que le componían melodías a la luz de los candelabros.
La mataron los escultores
que quisieron hacer de su cuerpo un canon perfecto.

Ella estaba cansada
de ser siempre la inspiración pero nunca la inspirada.
Estaba cansada de ser alzada y luego silenciada.
Estaba cansada de vivir a la sombra de los olivos.
Ella siempre fue el recurso
de los que no tienen palabras, pero, ¿y ella? ¿Y su voz? ¿Y su alma?
¿Tenía que estar siempre tras los versos,
tras los cuadros, tras las las ventanas?

No se suicidó, la mataron.
La mataron siglos de haber estado callada,
escondida entre los bosques, apartada,
siendo todo para todos
y para ella, nada.

No se suicidó, la mataron.
Pero al menos se fue siendo suya,
suya entre su dolor, entre toda la sangre
que le corría por las venas.

Ella se llamaba Musa,
y también poeta, y artista, y compositora.
Ella se llamaba Musa
y le marchitaron el corazón en vida
por forzarla a ser simplemente musa.

Ella se llamaba Musa,
y las campanas y los pájaros y el cielo y sus entrañas
sabían que algún día su esencia volvería a renacer.

Porque ella se llamaba Musa
pero también poesía y pintura y música y arte,
y eso era algo demasiado grande
que nadie podría volver a silenciar de nuevo.

Me ha encantado. Bello, melancólico y lleno de sensibilidad. Mis felicitaciones. Un abrazo.
 
¡Muchísimas gracias! Pretendía expresar todo lo que hay detrás de las musas, siendo en muchas ocasiones mujeres artistas, silenciadas a lo largo de la historia que quedaron en nada. También esa fragilidad y ese amor están dentro del poema. Gracias y un saludo!♡♡
Agradezco la respuesta y esa ampliacion
comentada que produce una mejor
comprension del contenido de tu bella
obra.
saludos siempre de luzyabsenta
 

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