AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
LUEGO DE TU VOZ.
Nunca mi copa se alzó por ti;
en ese sentido de brindar por
un amor, que a mi corta edad
estimaba imposible. ¡NO! No
pude soñarte calentando mi
piel, porque otros amores de
mi tiempo arrebataban esa
posibilidad de amarte; de tal
forma que no me acordé más.
Nunca pude cosechar estrellas
para tus labios de seda rosada,
y tampoco compré una rosa,
para tus dedos imposibles.
¿Cuánto tiempo los ríos llevaron
tus lágrimas, dónde yo no las vi?
Y en una sola madrugada blanda,
de repente tu sonrisa de seda y
rosa me han cantado una prosa,
que llevo dentro de mi alma,
como un ave fénix, que no fallece.
Y tu voz, y esa sonrisa sublime,
me han resucitado un recuerdo
de esa silueta del estío que me
atolondraba de tarde en tarde,
cuando te veía pasar sin levantar
la cabeza mientras yo, alimentaba
ansias infinitas de recorrer tu piel.
En una sola madrugada, te he
soñado mil y una veces y en cada
ensueño, mis dedos desnudaban
cada posibilidad de amarte, cada
día más en penumbras, en el alba,
en las noches, frente a un vino oscuro,
y hasta en la luna, dónde no he podido
elevarte, para tener las mieles de tus
labios conquistados y deseados por
miles y por mí, como si fueras Diana
de Guanacaste y ese ensueño que
siempre plasmo en los crepúsculos
de esa tierra ubérrima, como tu pubis
de diosa imaginaria. Luego de tu voz,
y luego de esa mueca tan original de
tu rostro, llevo una bandera en mi
corazón, que es el emblema que salta
desde tus labios, como una rosa que
despierta mis instintos y la vida misma.
Augus 06 de marzo 2017.
Nunca mi copa se alzó por ti;
en ese sentido de brindar por
un amor, que a mi corta edad
estimaba imposible. ¡NO! No
pude soñarte calentando mi
piel, porque otros amores de
mi tiempo arrebataban esa
posibilidad de amarte; de tal
forma que no me acordé más.
Nunca pude cosechar estrellas
para tus labios de seda rosada,
y tampoco compré una rosa,
para tus dedos imposibles.
¿Cuánto tiempo los ríos llevaron
tus lágrimas, dónde yo no las vi?
Y en una sola madrugada blanda,
de repente tu sonrisa de seda y
rosa me han cantado una prosa,
que llevo dentro de mi alma,
como un ave fénix, que no fallece.
Y tu voz, y esa sonrisa sublime,
me han resucitado un recuerdo
de esa silueta del estío que me
atolondraba de tarde en tarde,
cuando te veía pasar sin levantar
la cabeza mientras yo, alimentaba
ansias infinitas de recorrer tu piel.
En una sola madrugada, te he
soñado mil y una veces y en cada
ensueño, mis dedos desnudaban
cada posibilidad de amarte, cada
día más en penumbras, en el alba,
en las noches, frente a un vino oscuro,
y hasta en la luna, dónde no he podido
elevarte, para tener las mieles de tus
labios conquistados y deseados por
miles y por mí, como si fueras Diana
de Guanacaste y ese ensueño que
siempre plasmo en los crepúsculos
de esa tierra ubérrima, como tu pubis
de diosa imaginaria. Luego de tu voz,
y luego de esa mueca tan original de
tu rostro, llevo una bandera en mi
corazón, que es el emblema que salta
desde tus labios, como una rosa que
despierta mis instintos y la vida misma.
Augus 06 de marzo 2017.