AndrésCa
Poeta recién llegado
Las palabras no salen perfectas cuando están forzadas,
no quiero hablarte de cosas superficiales.
Quiero que las palabras que oigas o leas tengan trasfondo,
profundidad, temas, colores y, si se puede, hasta sabores.
Si pudieran llegar hasta ti, se metieran dentro de ti,
y llegaran hasta el fundamento de tu vida,
de tus días, de tus emociones y pensamientos,
con todo eso, en tu vientre construiría castillos azules, rojos y amarillos,
una ciudad entera, llena de castillos de colores.
El mundo se sumergió en la superficie,
las palabras vuelan vacías por encima de las nubes.
Yo quiero que lleguen a la tierra, y que rocen tus muslos,
que acaricien tus oídos y que canten por tu boca,
que curen mi dislexia,
que envuelvan nuestras almas en un nudo metafísico indescifrable,
fraterno, amante, eterno y cabal.
¡Donde encuentro esas palabras!
¿Por qué tienen que ser precisas?
Si encuentro las palabras precisas,
tienen que ser experiencia viva,
su ligero estado estado físico, de aire percutido,
es inútil, inservible y casi irreal.
¿Si no tengo tu alma transformada en carne viva,
en deliciosos labios que se encuentran con los míos,
para qué las palabras?
No tendrían fuerza, y carecerían de vida.
Si no se transforman en besos en tus huesos,
en besos en tu carne, en besos en tus senos,
en besos de tu boca; estarían muertas.
Tú me jalas de ese mundo intuible de las palabras,
a mi pobre alma extraviada rescatas.
El polo a tierra es tu carne,
y todos sus pliegues, y sus colores.
Amo como se sonroja tu piel con las palabras,
como se difumina en colores, que delatan emociones,
que quieren escapar por en medio de tus órganos vivos.
Y yo, al igual que ellas, atravieso tus órganos vivos y me traes a la tierra.
Por todo esto, si veo por fuera, quiero volver en ti,
vivir en ti, y transformarme dentro de ti.
no quiero hablarte de cosas superficiales.
Quiero que las palabras que oigas o leas tengan trasfondo,
profundidad, temas, colores y, si se puede, hasta sabores.
Si pudieran llegar hasta ti, se metieran dentro de ti,
y llegaran hasta el fundamento de tu vida,
de tus días, de tus emociones y pensamientos,
con todo eso, en tu vientre construiría castillos azules, rojos y amarillos,
una ciudad entera, llena de castillos de colores.
El mundo se sumergió en la superficie,
las palabras vuelan vacías por encima de las nubes.
Yo quiero que lleguen a la tierra, y que rocen tus muslos,
que acaricien tus oídos y que canten por tu boca,
que curen mi dislexia,
que envuelvan nuestras almas en un nudo metafísico indescifrable,
fraterno, amante, eterno y cabal.
¡Donde encuentro esas palabras!
¿Por qué tienen que ser precisas?
Si encuentro las palabras precisas,
tienen que ser experiencia viva,
su ligero estado estado físico, de aire percutido,
es inútil, inservible y casi irreal.
¿Si no tengo tu alma transformada en carne viva,
en deliciosos labios que se encuentran con los míos,
para qué las palabras?
No tendrían fuerza, y carecerían de vida.
Si no se transforman en besos en tus huesos,
en besos en tu carne, en besos en tus senos,
en besos de tu boca; estarían muertas.
Tú me jalas de ese mundo intuible de las palabras,
a mi pobre alma extraviada rescatas.
El polo a tierra es tu carne,
y todos sus pliegues, y sus colores.
Amo como se sonroja tu piel con las palabras,
como se difumina en colores, que delatan emociones,
que quieren escapar por en medio de tus órganos vivos.
Y yo, al igual que ellas, atravieso tus órganos vivos y me traes a la tierra.
Por todo esto, si veo por fuera, quiero volver en ti,
vivir en ti, y transformarme dentro de ti.