Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
Que se rompa el silencio ahora mismo,
que el pensamiento vuele en la palabra,
que la garganta en voces por fin abra,
los macabros espacios del mutismo.
Florezcan así los versos más extraños,
confesiones de amor y del olvido,
que no exista más ningún prohibido,
en los áridos días de mis años.
Compartir así el sinfín de mis razones,
de por qué debe latir en mi cabeza,
el corazón sin lugar a la pereza,
y que estallen en el pecho las pasiones.
De poeta solo tengo la fachada,
las emociones diversas de mi gente
y si escribo solo ha sido el incidente,
de la pluma que hoy esgrimo cual espada.
Yo quise recitar alto en la cima
de la montaña, un verso que moría
y él me atropello con la poesía
lastimándome el alma con la rima.
No se si bendición o maleficio,
no se si éste es un don o la tortura,
de sentir que se siente en la locura
y escribir aún cubierto de silicio.
Desde entonces así empiezo cada día,
al grito vivo y feroz de este conjuro,
cuando se rompe en su luz el cielo oscuro
y me invade un fantasma y la poesía.
Que se rompa el silencio ahora mismo,
que el pensamiento vuele en la palabra,
que la garganta en voces por fin abra,
los macabros espacios del mutismo.
Florezcan así los versos más extraños,
confesiones de amor y del olvido,
que no exista más ningún prohibido,
en los áridos días de mis años...
que el pensamiento vuele en la palabra,
que la garganta en voces por fin abra,
los macabros espacios del mutismo.
Florezcan así los versos más extraños,
confesiones de amor y del olvido,
que no exista más ningún prohibido,
en los áridos días de mis años.
Compartir así el sinfín de mis razones,
de por qué debe latir en mi cabeza,
el corazón sin lugar a la pereza,
y que estallen en el pecho las pasiones.
De poeta solo tengo la fachada,
las emociones diversas de mi gente
y si escribo solo ha sido el incidente,
de la pluma que hoy esgrimo cual espada.
Yo quise recitar alto en la cima
de la montaña, un verso que moría
y él me atropello con la poesía
lastimándome el alma con la rima.
No se si bendición o maleficio,
no se si éste es un don o la tortura,
de sentir que se siente en la locura
y escribir aún cubierto de silicio.
Desde entonces así empiezo cada día,
al grito vivo y feroz de este conjuro,
cuando se rompe en su luz el cielo oscuro
y me invade un fantasma y la poesía.
Que se rompa el silencio ahora mismo,
que el pensamiento vuele en la palabra,
que la garganta en voces por fin abra,
los macabros espacios del mutismo.
Florezcan así los versos más extraños,
confesiones de amor y del olvido,
que no exista más ningún prohibido,
en los áridos días de mis años...
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