Corpse Keeper
Poeta recién llegado
Mateo era tranquilo, muy callado, siempre hundido en sus pensamientos. El tenía mucho miedo a la muerte, tan sólo lo consolaba el aire fresco que se podía respirar a la orilla de la playa, en las madrugadas, cuando la masa gris ya no estaba. Para él la espuma que separaba el agua de la arena era preciosa, como una analogía de una frontera natural entre dos mundos.
Un día, Mateo, se sentía muy solo, no podía encontrar a nadie a su lado, su garganta se secó a causa de la tristeza e inevitablemente rompió en llanto. Caminó por horas hasta llegar a la orilla de la playa, quería que la brisa salada llenara sus pulmones de alegría alguna, quería sentirse acompañado aunque sea por la oscuridad de una noche sin luna. Mateo se desplomó sobre sus rodillas y su querida espuma lo fue disolviendo poco a poco convirtiéndolo en arena, entonces con las últimas fuerzas dentro de su debilitado cuerpo esbozó una sonrisa, al escuchar musitar a las olas: ella te espera, no tengas prisa.
Corpse Keeper
Un día, Mateo, se sentía muy solo, no podía encontrar a nadie a su lado, su garganta se secó a causa de la tristeza e inevitablemente rompió en llanto. Caminó por horas hasta llegar a la orilla de la playa, quería que la brisa salada llenara sus pulmones de alegría alguna, quería sentirse acompañado aunque sea por la oscuridad de una noche sin luna. Mateo se desplomó sobre sus rodillas y su querida espuma lo fue disolviendo poco a poco convirtiéndolo en arena, entonces con las últimas fuerzas dentro de su debilitado cuerpo esbozó una sonrisa, al escuchar musitar a las olas: ella te espera, no tengas prisa.
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