José Galeote Matas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Érase una vez un conde
que al conquistar un castillo
imaginose, muy ufano,
que controlaba el rastrillo;
mas al poco se dio cuenta
que, con el tiempo, el ladrillo
se estaba desmoronando
excepto donde el vinillo
se curaba bajo piedra,
y no resultó sencillo
rechazar la tentación
de consolarse en el brillo
de tan excelentes caldos,
y ajenciose un botijillo
para empinar bien el codo,
pues era un conde membrillo.
Si hubiese sido marqués,
que el enemigo era un pillo
lo habría visto al momento,
pues quedose con el trillo
con el que sesgó las mieses
que impregnaba en su visillo;
y luego, con sutileza,
las dejaba en el portillo,
y el conde las recogía
pensando que eran hatillo
de tributo bien ganado;
y al final, en el pasillo,
en la torre, y en la alcoba,
se fue extendiendo un tufillo
que corrompió los cimientos…
Desmoronose el castillo.
Y el conde cabalga solo
bajo la noche y el grillo
que repite con su canto:
¡¡Que mebrillooo, que mebrillooo!!
Conclusión con moraleja:
Si te deslumbra un castillo
procura que en la alta torre
no prospere el estribillo
de enemigo dentro y fuera,
pues no cogiendo el tranquillo
conquistarás lodazales
y serás solo un pardillo;
Y, sobre todo, no bebas,
ni acudas presto al botillo,
pues solo conseguirás
que te triture el martillo
del abandono y engorde,
y embotarás tu cuchillo.
En vez del vino has de usar
pico, pala, y escardillo.
que al conquistar un castillo
imaginose, muy ufano,
que controlaba el rastrillo;
mas al poco se dio cuenta
que, con el tiempo, el ladrillo
se estaba desmoronando
excepto donde el vinillo
se curaba bajo piedra,
y no resultó sencillo
rechazar la tentación
de consolarse en el brillo
de tan excelentes caldos,
y ajenciose un botijillo
para empinar bien el codo,
pues era un conde membrillo.
Si hubiese sido marqués,
que el enemigo era un pillo
lo habría visto al momento,
pues quedose con el trillo
con el que sesgó las mieses
que impregnaba en su visillo;
y luego, con sutileza,
las dejaba en el portillo,
y el conde las recogía
pensando que eran hatillo
de tributo bien ganado;
y al final, en el pasillo,
en la torre, y en la alcoba,
se fue extendiendo un tufillo
que corrompió los cimientos…
Desmoronose el castillo.
Y el conde cabalga solo
bajo la noche y el grillo
que repite con su canto:
¡¡Que mebrillooo, que mebrillooo!!
Conclusión con moraleja:
Si te deslumbra un castillo
procura que en la alta torre
no prospere el estribillo
de enemigo dentro y fuera,
pues no cogiendo el tranquillo
conquistarás lodazales
y serás solo un pardillo;
Y, sobre todo, no bebas,
ni acudas presto al botillo,
pues solo conseguirás
que te triture el martillo
del abandono y engorde,
y embotarás tu cuchillo.
En vez del vino has de usar
pico, pala, y escardillo.
José Galeote Matas (España)