Los niños que fuimos

Víctor Mileo

Poeta adicto al portal
¿Es ese el demonio que nos separó? Degüello de trompetas
rellenan las dunas de tus labios.
A veces son también vergeles llenos de esperanzas,
Rota deuda con las insuficiencias.
Y pozos de agua tu boca sin delirio.
Tus cabellos la frondosa
curiosidad del viento que trae
a los exploradores deshidratados casi perdido su miedo.
Ya las varices del desierto
son el riego oculto de los oasis
palidez clandestina del cuerpo
que mancha la vida del temor,
de la ausencia cilíndrica
Con el perturbador nervio del cateto dejando esparcirse la mala leche por la mesa absurda de la envidia, te rompe por dentro con la usura de su amistad, triturada por un pasa-purés de delatores, llenos de cobardía con ratera decepción. Ahí quedaste tú manto del llano blanco
de la nieve,
nada te podía herir
tu beso caducó la levedad de la vida he hizo azul los recuerdos
de los niños que fuimos.




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¿Es ese el demonio que nos separó? Degüello de trompetas
rellenan las dunas de tus labios.
A veces son también vergeles llenos de esperanzas,
Rota deuda con las insuficiencias.
Y pozos de agua tu boca sin delirio.
Tus cabellos la frondosa
curiosidad del viento que trae
a los exploradores deshidratados casi perdido su miedo.
Ya las varices del desierto
son el riego oculto de los oasis
palidez clandestina del cuerpo
que mancha la vida del temor,
de la ausencia cilíndrica
Con el perturbador nervio del cateto dejando esparcirse la mala leche por la mesa absurda de la envidia, te rompe por dentro con la usura de su amistad, triturada por un pasapurés de delatores, llenos de cobardía con ratera decepción. Ahí quedaste tú manto del llano blanco
de la nieve,
nada te podía herir
tu beso caducó la levedad de la vida he hizo azul los recuerdos
de los niños que fuimos.

Excelentes versos amigo Victor, un placer leer. Saludos, que vaya todo muy bien.
 
¿Es ese el demonio que nos separó? Degüello de trompetas
rellenan las dunas de tus labios.
A veces son también vergeles llenos de esperanzas,
Rota deuda con las insuficiencias.
Y pozos de agua tu boca sin delirio.
Tus cabellos la frondosa
curiosidad del viento que trae
a los exploradores deshidratados casi perdido su miedo.
Ya las varices del desierto
son el riego oculto de los oasis
palidez clandestina del cuerpo
que mancha la vida del temor,
de la ausencia cilíndrica
Con el perturbador nervio del cateto dejando esparcirse la mala leche por la mesa absurda de la envidia, te rompe por dentro con la usura de su amistad, triturada por un pasapurés de delatores, llenos de cobardía con ratera decepción. Ahí quedaste tú manto del llano blanco
de la nieve,
nada te podía herir
tu beso caducó la levedad de la vida he hizo azul los recuerdos
de los niños que fuimos.
Intenso y bello poema amigo Victor, me ha gustado. Un abrazo. Paco.
 

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