Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
No se marchan las horas ni entienden de regresos,
pero saben de dudas, maestras del infarto;
parecen la condena, una amarga vacante,
que recuerda la espera de lo que no ha pasado.
Nos persigue su sombra, acaso un minutero
que se clava en las sienes con su ligero espasmo,
que envenena el instante fatal de estar presente
y nos manda al futuro incierto de lo humano.
Sigue la migración del tiempo y de las horas,
se buscan primaveras que acerquen un verano
en esta plana esfera que mide los latidos
lanzándose a la altura de lo no imaginado.
Por qué no recorrer trigales a las anchas,
playas de fina arena, bordes de acantilados.
Por qué no hacer del aire y de las propias alas
una parte del ser y del sentirse pájaro.
No se marchan las horas,
nosotros nos marchamos.