De todos los regalos de mi infancia,
son los libros de cuentos como embrujos;
el tacto de sus hojas, sus dibujos,
abrieron nuevas puertas en mi estancia.
Ya fuera con Alicia, o Peter Pan,
con Pinocho, o la misma cenicienta,
solo por descubrir lo que me cuenta,
a solas me escondía en el desván.
Amo del libro, el tacto del papel,
y me inspira el antiguo tal respeto,
como del incunable aquél secreto
que al monje iba dejándole en la piel.
Si dejara una estela tras de mi...
¡buscadla entre lo libros que leí!