Te busqué entre las luces
frustradas de la ciudad
que envidian a las estrellas,
entre taxis de madrugadas
que deambulan tras su presa,
en el humo de los antros
que confiscan la inocencia,
entre las sombras y el olvido,
entre bares y risas sin rostro,
entre transeúntes que esconden
su mirada más franca
en la sinapsis del ayer...
Te busqué justo en mi mundo
y no te hallé.
Tú estabas en la gota viril
de rocío, sobre la hoja,
que cae al amanecer,
en la brisa fresca de otoño,
en las notas de un violín
que canta idilios a la luna,
en un coloquio virtual.
Estabas en la paz del río,
en la montaña, en el almendro,
en el nido, aún por nacer...
¡Y te amé! Sin armas ni lujurias,
persiguiendo tus sueños de cristal;
prisionero de tus ojos de selva,
tierra madre donde quiero reposar.