Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Manantial de huellas,
paraíso de las ruedas,
escondite de los sueños,
caminantes con destinos gemelos,
cada cinco metros un árbol ríe hojas,
otras veces llora despedidas,
muchas voces tienen prisa,
las fuentes sed de palomas,
un hombre consume tiempo
mientras espera que los números
den paso a los versos
para llenar el vacío de su corazón cansado
de buscarla en los ojos de la tarde.
Ella, transparente,
escribe en la sonrisa del viento,
no busca solo siente,
solo quiere besos sin precio,
caricias que dibujen
palabras con piel de sueños.
El destino los une en el tranvía,
en la Gran Vía,
miradas cómplices,
conversación espontanea,
coincidencias asombrosas,
sonrisas complementarias,
el resto sucede
como en un cuento de hadas urbano,
nada racional,
pura locura de los sentimientos…
Han pasado cuatro horas,
la ciudad en pijama cierra los ojos,
nuestros protagonistas se besan
en una mesa del único café-bar
a estas horas abierto:
“El Refugio De Los Amantes”.
paraíso de las ruedas,
escondite de los sueños,
caminantes con destinos gemelos,
cada cinco metros un árbol ríe hojas,
otras veces llora despedidas,
muchas voces tienen prisa,
las fuentes sed de palomas,
un hombre consume tiempo
mientras espera que los números
den paso a los versos
para llenar el vacío de su corazón cansado
de buscarla en los ojos de la tarde.
Ella, transparente,
escribe en la sonrisa del viento,
no busca solo siente,
solo quiere besos sin precio,
caricias que dibujen
palabras con piel de sueños.
El destino los une en el tranvía,
en la Gran Vía,
miradas cómplices,
conversación espontanea,
coincidencias asombrosas,
sonrisas complementarias,
el resto sucede
como en un cuento de hadas urbano,
nada racional,
pura locura de los sentimientos…
Han pasado cuatro horas,
la ciudad en pijama cierra los ojos,
nuestros protagonistas se besan
en una mesa del único café-bar
a estas horas abierto:
“El Refugio De Los Amantes”.