Valen_Tina
Poeta que considera el portal su segunda casa
La abuela de Ana era como un junco que se balanceaba con el viento. Tenía una larga melena llena de escarcha con dos trenzas que se recogía en la cabeza. Murió joven según nuestra esperanza de vida actual. Había vivido tiempos duros le explicó su madre, que se pasaba el día trabajando fuera de casa y nunca le contaba cuentos, tampoco su padre, ni a ella ni a sus hermanos. Los dos estaban muy ocupados con las cosas prácticas de la vida.
La abuela venía a visitarla desde otra comunidad, Ana tenía 8 años la última vez que la vio. A veces la dejaba peinarla, le tocaba la cabeza como si sus cabellos fueran mágicos y el tacto de su cuero cabelludo fuera una pócima para la felicidad que la abuela alargaba con los paseos que daban de madrugada y al atardecer para ejercitar sus pulmones por un camino lleno de cipreses. Su voz de cuenta cuentos era un salvoconducto para entrar en el mundo de los sueños. Ejercía tal encanto sobre los niños que los dejaba dóciles y ensimismados con todo su repertorio. Inventaba respuestas para todas las preguntas infantiles con una paciencia infinita.El cuento preferido de Ana era el del gigante egoísta, su abuela sonreía como una estrella de rock cuando se lo pedía insistentemente. No sé lo que dirán los psicólogos para que ese cuento ejerciera tanto poder sobre ella porque no le gustaba el de Cenicienta, no entendía el de Blancanieves, le angustiaba el de Pulgarcito, ya se había perdido varias veces en la feria, el del Gato con Botas le parecía un disparate. En general, le causaban tristeza todos los cuentos que empezaran con que sus protagonistas pequeños o grandes se tuvieran que marchar a buscar fortuna.
La primera vez que le contó el cuento del gigante egoísta Ana se emocionó lo indecible, sonrió porque ella y el resto de los niños al terminar la escuela y en primavera también invadían jardines y campos ajenos, saltaban tapias, utilizaban columpios, se subían a los árboles y a veces cogían alguna fruta y algún que otro gigante los perseguía sin alcanzarlos. También había varios maestros que eran como el gigante y su ogro, malos, muy malos solo que ellos no se arrepentían ni pedían perdón como el gigante egoísta.Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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