Cris Cordova
Poeta que considera el portal su segunda casa
En reminiscencia de mi juventud,
vino un bello recuerdo
a la luz,
de aquella que un día
amé,
y hoy es mi inquietud.
Cómplice a favor
el tiempo,
recuerdo que rompí
el hielo
con una flor
en verbo...
que le supo a caramelo.
Eres muy hermosa,
las flores te denunciará
porque hueles mejor
que ellas,
perfumas de vainilla
siendo rosa,
bonita como catleya.
Flores de cerezo
en sus mejillas se pintaron ,
ansiosa de un beso,
nuestros labios se juntaron,
llenos de embeleso
nuestros cuerpos
se entregaron.
Me sumergí en la raíz
de su aroma,
tan femenina y sensual,
de sus poros emanaba
un erotismo carnal
y casi celestial.
Al deshojar sus pétalos
quedó desnuda la rosa,
cayendo al suelo
la vestidura de una diosa.
Como caminante empecé
el viaje,
y fui collar en su cuello,
recorrí cada parte ,
hice mapa de lunares ,
acaricie su cabello.
Recorrí la avenida
de su espalda,
que terminaba en la
estación,
donde como río emanaba
ambrosias de pasión.
Llegue a la cima de sus senos,
y fui como niño tierno,
besando hasta quedar lleno.
Imaginé ser conquistador
en busca del Dorado,
seguí la ruta del sur
donde nadie había besado,
haciendo mío el templo
nunca antes profanado.
Eramos dos serpientes
enredadas en el deseo,
en esa pasión ardiente.
Fui como la hiedra
enraizada en su piel
de porcelana,
su boca como gota
en la piedra,
con sus besos
mi piel marcaba,
de tanto amarnos
hasta la sombra
quedó borrada.
Ahora que beso su ausencia,
me consuela la reminiscencia
de una época ya pasada.
vino un bello recuerdo
a la luz,
de aquella que un día
amé,
y hoy es mi inquietud.
Cómplice a favor
el tiempo,
recuerdo que rompí
el hielo
con una flor
en verbo...
que le supo a caramelo.
Eres muy hermosa,
las flores te denunciará
porque hueles mejor
que ellas,
perfumas de vainilla
siendo rosa,
bonita como catleya.
Flores de cerezo
en sus mejillas se pintaron ,
ansiosa de un beso,
nuestros labios se juntaron,
llenos de embeleso
nuestros cuerpos
se entregaron.
Me sumergí en la raíz
de su aroma,
tan femenina y sensual,
de sus poros emanaba
un erotismo carnal
y casi celestial.
Al deshojar sus pétalos
quedó desnuda la rosa,
cayendo al suelo
la vestidura de una diosa.
Como caminante empecé
el viaje,
y fui collar en su cuello,
recorrí cada parte ,
hice mapa de lunares ,
acaricie su cabello.
Recorrí la avenida
de su espalda,
que terminaba en la
estación,
donde como río emanaba
ambrosias de pasión.
Llegue a la cima de sus senos,
y fui como niño tierno,
besando hasta quedar lleno.
Imaginé ser conquistador
en busca del Dorado,
seguí la ruta del sur
donde nadie había besado,
haciendo mío el templo
nunca antes profanado.
Eramos dos serpientes
enredadas en el deseo,
en esa pasión ardiente.
Fui como la hiedra
enraizada en su piel
de porcelana,
su boca como gota
en la piedra,
con sus besos
mi piel marcaba,
de tanto amarnos
hasta la sombra
quedó borrada.
Ahora que beso su ausencia,
me consuela la reminiscencia
de una época ya pasada.