Nommo
Poeta veterano en el portal
¿ Te has parado a pensar, alguna vez,
en lo bonitos que son tus ojos ?
Esa frente que los adorna, mientras tus párpados se entornan,
y las cejas se relajan, es una magnífica caja.
Adoro tus manos, que son terapia para mis muslos.
Y tus labios, sobre mi cuello, dándome masajes que rebotan y explotan.
Tus susurros y cánticos me consumen en un embeleso que arde,
al Sur de mi vientre, y por ello, necesito explotar la vanguardia de tu monte de Venus.
Así que lamo la porción de la tarta que me ha tocado en suerte.
Y te postras ante mí, como diosa de ébano y marfil, que se está confitando.
En aceite de oliva, frío las cebollas tiernas.
Te pareces a un gran pez, que se ofrece solemnemente, para ser guisado.
Luego, te espantas, a medida que te penetro, desobedeciendo
las indicaciones del semáforo en rojo.
Porque en tu paso de cebra has interpuesto una demanda, contra mis abogados defensores.
Despierto de mi sueño y estoy empapado.
Pero tú sigues manejando mi espada, con cariño y ternura.
Así que te deleitas en la espesura de mis adentros voluptuosos.
Con lo cuál, mis ojos salen de sus cuencas y me quedo embobado, con las orejas gachas.
Y soy derrotado, nuevamente, en tu boca prodigiosa de enfermera misionera en África.
en lo bonitos que son tus ojos ?
Esa frente que los adorna, mientras tus párpados se entornan,
y las cejas se relajan, es una magnífica caja.
Adoro tus manos, que son terapia para mis muslos.
Y tus labios, sobre mi cuello, dándome masajes que rebotan y explotan.
Tus susurros y cánticos me consumen en un embeleso que arde,
al Sur de mi vientre, y por ello, necesito explotar la vanguardia de tu monte de Venus.
Así que lamo la porción de la tarta que me ha tocado en suerte.
Y te postras ante mí, como diosa de ébano y marfil, que se está confitando.
En aceite de oliva, frío las cebollas tiernas.
Te pareces a un gran pez, que se ofrece solemnemente, para ser guisado.
Luego, te espantas, a medida que te penetro, desobedeciendo
las indicaciones del semáforo en rojo.
Porque en tu paso de cebra has interpuesto una demanda, contra mis abogados defensores.
Despierto de mi sueño y estoy empapado.
Pero tú sigues manejando mi espada, con cariño y ternura.
Así que te deleitas en la espesura de mis adentros voluptuosos.
Con lo cuál, mis ojos salen de sus cuencas y me quedo embobado, con las orejas gachas.
Y soy derrotado, nuevamente, en tu boca prodigiosa de enfermera misionera en África.
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