jmacgar
Poeta veterano en el portal
El corazón de miel de Martín Tinajero
De lo que sucedió en aquellos días
sea usted, Fray Simón, el escribano
pues yo he de relatar las agonías
ocurridas al ínclito ecijano,
alma de Dios, de múltiples valías,
hombre bueno y también un buen cristiano;
lo que le contaré no es nimia cosa,
es una historia harto prodigiosa.
Yo estuve allí, le acompañé en el viaje,
en la búsqueda infértil de El Dorado
traspasando espesuras de follaje,
abriendo un paso angosto, enmarañado,
por aquella verdura tan salvaje
en donde todos hemos peligrado;
escuche usted, Fray Pedro, decir quiero
que estuve con Martín el Tinajero.
Era al correr del año mil quinientos
y treinta y seis, señor, de nuestra Era,
cuando en medio de lluvias y de vientos
más de cuarenta hombres en hilera
con gran dificultad y pasos lentos
de continuar buscábamos manera;
enfermaron de grave muchos hombres,
y de los muertos no recuerdo nombres.
Mas de esa mortandad, más de veintiuno,
con la que se mermó nuestra cuadrilla
quisiera hacer mención de solo uno
y es aquel que murió con maravilla;
yo le hablo de Martín del que ninguno
podría hablarle mal pues su alma brilla,
y aunque corrió su vida fatal suerte
un enorme prodigio fue su muerte.
Donde un hoyo de lluvias lo enterramos
y seguimos buscando provisiones
hasta que el capitán dijo ¡volvamos!
que alejados y en tales condiciones
podría ser que en estas nos perdamos
y el regreso nos deje hechos jirones.
Y es que entre la ida y el regreso
mucho tiempo pasó, quizá en exceso.
Y fue en la vuelta que pudimos ver
el lugar en que fueron sepultados
los restos de Martín. Hais de creer
que lo que vimos todos asombrados,
y lo que nuestro olfato pudo oler
entre intensos olores aromados,
fue un numeroso enjambre, todo entero,
libando el corazón del Tinajero.
Así escribillo, tal como os lo cuento,
pues este testimonio es cierto y fiel:
cuando llegamos al lugar, no miento,
era su corazón de pura miel.
Turbadora emoción es la que siento
al recordar al compañero aquel
de corazón tan dulce y especial
que hicieron de él abejas un panal.
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De lo que sucedió en aquellos días
sea usted, Fray Simón, el escribano
pues yo he de relatar las agonías
ocurridas al ínclito ecijano,
alma de Dios, de múltiples valías,
hombre bueno y también un buen cristiano;
lo que le contaré no es nimia cosa,
es una historia harto prodigiosa.
Yo estuve allí, le acompañé en el viaje,
en la búsqueda infértil de El Dorado
traspasando espesuras de follaje,
abriendo un paso angosto, enmarañado,
por aquella verdura tan salvaje
en donde todos hemos peligrado;
escuche usted, Fray Pedro, decir quiero
que estuve con Martín el Tinajero.
Era al correr del año mil quinientos
y treinta y seis, señor, de nuestra Era,
cuando en medio de lluvias y de vientos
más de cuarenta hombres en hilera
con gran dificultad y pasos lentos
de continuar buscábamos manera;
enfermaron de grave muchos hombres,
y de los muertos no recuerdo nombres.
Mas de esa mortandad, más de veintiuno,
con la que se mermó nuestra cuadrilla
quisiera hacer mención de solo uno
y es aquel que murió con maravilla;
yo le hablo de Martín del que ninguno
podría hablarle mal pues su alma brilla,
y aunque corrió su vida fatal suerte
un enorme prodigio fue su muerte.
Donde un hoyo de lluvias lo enterramos
y seguimos buscando provisiones
hasta que el capitán dijo ¡volvamos!
que alejados y en tales condiciones
podría ser que en estas nos perdamos
y el regreso nos deje hechos jirones.
Y es que entre la ida y el regreso
mucho tiempo pasó, quizá en exceso.
Y fue en la vuelta que pudimos ver
el lugar en que fueron sepultados
los restos de Martín. Hais de creer
que lo que vimos todos asombrados,
y lo que nuestro olfato pudo oler
entre intensos olores aromados,
fue un numeroso enjambre, todo entero,
libando el corazón del Tinajero.
Así escribillo, tal como os lo cuento,
pues este testimonio es cierto y fiel:
cuando llegamos al lugar, no miento,
era su corazón de pura miel.
Turbadora emoción es la que siento
al recordar al compañero aquel
de corazón tan dulce y especial
que hicieron de él abejas un panal.
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Nota aclaratoria:
Estas octavas están basadas en un hermoso cuento que a su vez se basa en una bella leyenda y que pueden leer aquí:
http://letralia.com/115/letras03.htm
Así mismo recopilé otras informaciones obtenidas en la red sobre esta leyenda entre las cuales destaco a Fray Pedro Simón – (Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las indias occidentales - Tomo I. Capítulo XVIII)
Todo este interés me vino dado tras leer el excelente poema de Aquiles Nazoa que lleva por título “Mi credo” en donde cita a Martín Tinajero en este verso:
“y creo en las abejas que labraron su colmena dentro del corazón de Martín Tinjero."
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