Cris Cordova
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era de noche, cerca del puerto,
una sombra furtiva caminaba,
ágil como el viento
su paso apresuraba,
era una mujer de cierto,
pués su perfume la delataba.
Iba a un amoroso encuentro
con su amante que la esperaba,
dentro una nave acoderada
en aquel muelle desierto.
Él la esperaba ansioso,
a lo lejos la vió llegar,
ella a sus brazos se lanzó en gozo,
y rápidamente se hicieron a la mar.
Lentamente se apartaban de la orilla,
veían a lo lejos las luces desvanecerce
se escuchaba sólo el rumor de las olas sobre la quilla.
A cierto punto se detuvo,
liberando el ancla,
pués el deseo más pudo
y corrió a besarla.
Se besaron con fervientes ganas
en la proa de la nave,
la luna miraba lejana
esa lujuria mundana,
sólo ella sabe
lo que esos labios saboreaban.
Las olas cual nodrizas
mecían la nave
como una cuna,
que contenía el amor
recién nacido,
amor de amantes,
tranquilo y sin prisas.
Ella desnuda ante él,
parecía una Nereida del mar profundo,
se deslizó en su piel
para mostrar los misterios
de su cuerpo y su mundo.
Él a su cuerpo se asió,
como si fuera su último respiro
con dulzura la amó,
en éxtasis quedaron sumidos
aquella noche los dos.
Las estrellas,faroles perdidos
en cielo oscuro,
veían ese cuadro atrevido,
de un amor puro,
que vivió el presente
y que no tendrá futuro.
Pués serán siempre amantes,
¡Eso es seguro!.
una sombra furtiva caminaba,
ágil como el viento
su paso apresuraba,
era una mujer de cierto,
pués su perfume la delataba.
Iba a un amoroso encuentro
con su amante que la esperaba,
dentro una nave acoderada
en aquel muelle desierto.
Él la esperaba ansioso,
a lo lejos la vió llegar,
ella a sus brazos se lanzó en gozo,
y rápidamente se hicieron a la mar.
Lentamente se apartaban de la orilla,
veían a lo lejos las luces desvanecerce
se escuchaba sólo el rumor de las olas sobre la quilla.
A cierto punto se detuvo,
liberando el ancla,
pués el deseo más pudo
y corrió a besarla.
Se besaron con fervientes ganas
en la proa de la nave,
la luna miraba lejana
esa lujuria mundana,
sólo ella sabe
lo que esos labios saboreaban.
Las olas cual nodrizas
mecían la nave
como una cuna,
que contenía el amor
recién nacido,
amor de amantes,
tranquilo y sin prisas.
Ella desnuda ante él,
parecía una Nereida del mar profundo,
se deslizó en su piel
para mostrar los misterios
de su cuerpo y su mundo.
Él a su cuerpo se asió,
como si fuera su último respiro
con dulzura la amó,
en éxtasis quedaron sumidos
aquella noche los dos.
Las estrellas,faroles perdidos
en cielo oscuro,
veían ese cuadro atrevido,
de un amor puro,
que vivió el presente
y que no tendrá futuro.
Pués serán siempre amantes,
¡Eso es seguro!.
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