Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
I
Lloraba cada mañana, indicio de agitación;
sin embargo en ocasiones amanecía feliz,
entonces el firmamento encendía su tapiz
y enmudecían los pájaros para escuchar su canción.
Afín a un grito de angustia, tal era su condición
semejante a una rara y esbelta flor verolís
extraviada en enigmáticos prados cubiertos de lis:
su apariencia en consonancia con su afán de rebelión.
Dedicaba su existencia a un fin trascendental,
una militancia grande, creativa y fecunda
cuyo fin era impulsar el plan de forma rotunda:
elidir el statu quo de manera radical
Analizaba coyunturas aptas para la sedición
anhelada, auspiciadora del progreso para el pueblo;
revuelta que no admitía debilidad, sosiego o reblo
si deseaba conseguir una genuina liberación...
II
Su propensión a cantar en lo alto de la montaña
para percibir el eco de su tono de soprano,
a mojar sus blancos pies con el agua del océano,
y a vivir en los bosques como falaz ermitaña
le dispensaban un genio congénito enrevesado;
por lo mismo su inquietud solo se tranquilizaba
al contemplar los tejados del poblado que añoraba,
desde niña oyó decir que se habían moldeado
a partir de la sustancia con la cual Dios formó al hombre
aparte de tener el mismo rojo de la insurrección.
Así era ella, como estrépito y luz de revolución,
azuzando una legión de espectros faltos de nombre.
6 Noviembre 2012
Copyright © Derechos reservados ®
Lloraba cada mañana, indicio de agitación;
sin embargo en ocasiones amanecía feliz,
entonces el firmamento encendía su tapiz
y enmudecían los pájaros para escuchar su canción.
Afín a un grito de angustia, tal era su condición
semejante a una rara y esbelta flor verolís
extraviada en enigmáticos prados cubiertos de lis:
su apariencia en consonancia con su afán de rebelión.
Dedicaba su existencia a un fin trascendental,
una militancia grande, creativa y fecunda
cuyo fin era impulsar el plan de forma rotunda:
elidir el statu quo de manera radical
Analizaba coyunturas aptas para la sedición
anhelada, auspiciadora del progreso para el pueblo;
revuelta que no admitía debilidad, sosiego o reblo
si deseaba conseguir una genuina liberación...
II
Su propensión a cantar en lo alto de la montaña
para percibir el eco de su tono de soprano,
a mojar sus blancos pies con el agua del océano,
y a vivir en los bosques como falaz ermitaña
le dispensaban un genio congénito enrevesado;
por lo mismo su inquietud solo se tranquilizaba
al contemplar los tejados del poblado que añoraba,
desde niña oyó decir que se habían moldeado
a partir de la sustancia con la cual Dios formó al hombre
aparte de tener el mismo rojo de la insurrección.
Así era ella, como estrépito y luz de revolución,
azuzando una legión de espectros faltos de nombre.
6 Noviembre 2012
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